El 6 de abril de 2026, el Inegi publicó cuatro reportes que, al ser analizados en conjunto, dibujan un panorama preocupante sobre la economía mexicana. La inversión fija, el consumo privado, los indicadores cíclicos y las ventas automotrices ofrecen un diagnóstico alarmante: los números reflejan una realidad que muchos prefieren ignorar.
Comenzando con la inversión productiva, el Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo mostró una caída del 1.1% en enero respecto al mes anterior, con un retroceso anual del 2.2%. Los datos son más inquietantes en el sector de maquinaria y equipo, donde se registró una caída del 8.0% anual. Las empresas mexicanas están retrasando la renovación de activos fijos y la expansión de sus plantas. La adquisición de nuevos camiones y maquinaria se encuentra estancada, influenciada por la incertidumbre arancelaria bajo la administración de Donald Trump, las altas tasas de interés—con una tasa de referencia en 8.75%—y la percepción de una falta de Estado de derecho tras la Reforma Judicial. La inversión privada, en este contexto, se contrajo un 4.5% anual, mientras que el sector público creció un modesto 3.8%, insuficiente para llenar el vacío dejado por el empresariado.
El consumo privado tampoco da buenas noticias. En enero, este indicador retrocedió un 1.6% mensual, con bienes duraderos nacionales disminuyendo un 2.9% anualmente y los semiduraderos un 3.8%. Los hogares mexicanos están postergando compras de elementos esenciales como refrigeradores y muebles. Por el contrario, los productos importados han crecido un notable 12.2% anual, sugiriendo que los consumidores están anticipando un posible aumento de aranceles o benefician de la fortaleza del peso.
Los indicadores cíclicos corroboran un diagnóstico sombrío. El Indicador Coincidente, que abarca variables como el empleo y la producción industrial, se ubicó en 99.6 puntos en enero, por debajo del nivel que representa la tendencia a largo plazo, el 100. Sin cambios en relación a diciembre, el IGAE—que mide el PIB—mostró una diferencia de -0.10 puntos, poniendo de manifiesto una actividad económica en contracción, excepto en el comercio al menudeo y las importaciones.
A pesar de esta serie de señales alarmantes, hay atisbos de esperanza. El Indicador Adelantado, que predice la dirección económica, alcanzó 100.8 puntos en febrero, sugiriendo que la debilidad puede estabilizarse en lugar de una recuperación vigorosa. La construcción, por su parte, creció un 3.8% anualmente, con el sector residencial avanzando un 7.9% —posiblemente impulsado por la tendencia del nearshoring—. Además, en marzo, el sector automotor vendió 131,548 vehículos, un incremento del 2.4% en comparación con el año anterior.
En conclusión, la situación actual plantea que tres de cuatro indicadores reflejan una debilidad estructural. La inversión productiva sigue cayendo, el consumo nacional se enfría y la actividad económica opera por debajo de su potencial. Aunque México no se encuentra en recesión técnica en este momento, se dirige en esa dirección, con el gobierno actual careciendo de herramientas efectivas para revertir esta tendencia.
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