México ha manifestado su intención de incrementar la producción de gas a través de yacimientos no convencionales de lutitas y arenas compactadas. Este movimiento busca fortalecer el suministro nacional de gas natural, crucial para el funcionamiento de sus plantas eléctricas. Sin embargo, el país se enfrenta a enormes desafíos antes de obtener resultados tangibles: a pesar de poseer vastos recursos, carece del desarrollo industrial suficiente para su explotación.
Con una producción actual de aproximadamente 2.300 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, México depende de la importación de otros 6.800 millones, lo que representa cerca del 75% de su demanda. Esta situación es preocupante, especialmente frente a posibles fluctuaciones en los precios internacionales y crisis climáticas, como ocurrió anteriormente con la tormenta invernal que afectó la infraestructura de suministro desde Texas, EE.UU. La secretaria de Energía, Luz Elena González, ha señalado esta dependencia como una fuente de incertidumbre.
Los expertos sugieren que, si bien Texas ha capitalizado sus recursos de gas de lutitas, México presenta un potencial geológico similar que aún no se ha aprovechado. Sin embargo, para lograr que la producción local alcance los 9.000 millones de pies cúbicos diarios necesarios, se estiman entre 3.000 y 3.500 nuevos pozos de fractura hidráulica en un plazo de diez años. Cada pozo tiene un costo entre 12 y 15 millones de dólares, lo que implica una inversión total que podría oscilar entre 36.000 y 45.000 millones de dólares, casi 2.5 veces el presupuesto actual de la petrolera estatal Pemex para exploración y producción.
La situación financiera de Pemex ha propiciado que, por primera vez en años, busque socios privados para incrementar su producción. Sin embargo, las limitadas condiciones contractuales y los altos impuestos han dificultado la atracción de inversión, con solo seis contratos firmados desde la apertura del sector a la iniciativa privada.
La magnitud del proyecto de explotación de gas no convencional también implica considerables desafíos ambientales y tecnológicos. Se requiere una gran cantidad de equipos de perforación, pues el proceso de fracturación hidráulica involucra perforar y luego inyectar agua, químicos y arena a alta presión. Actualmente, Pemex cuenta con unos 30 equipos de perforación, en comparación con más de 500 en EE.UU., lo que demanda una significativa transferencia tecnológica y la participación de empresas privadas con visión sustentable.
Investigaciones recientes han vinculado la exploración de gas no convencional en Argentina con actividad sísmica, lo cual resalta la urgente necesidad de garantizar que cualquier iniciativa en México sea sostenible y con el menor impacto ambiental posible. La secretaria González ha enfatizado que el gobierno colabora con universidades y centros de investigación para establecer un comité científico que enfoque sus esfuerzos en el agua, el cambio climático y la innovación tecnológica en el sector energético.
Si no se contempla el uso de fracturación hidráulica, las posibilidades de aumentar la producción de gas resultan limitadas. Expertos advierten que la demanda ha crecido vertiginosamente, quintuplicándose desde 2020, lo que ha llevado a multiplicar por más de 22 veces las importaciones desde EE.UU. Un estudio estima que, si México logra que el 45% de su matriz energética provenga de fuentes renovables para 2030, podría ahorrar alrededor de 1.600 millones de dólares anuales en importaciones.
La falta de suministro eléctrico también impacta la industria del país, con costos significativos por interrupciones. El Valor de la Energía No Suministrada se estima en 2.600 dólares por MWh. Este es un reto que enfrenta el país, sobre todo cuando se considera que las reservas de pozos convencionales han sido, en gran parte, agotadas.
México se halla en una encrucijada: si bien la dependencia energética actual es innegable, la exploración formal de recursos no convencionales podría ser la clave para un futuro energético más autónomo y menos vulnerable. La discusión sobre el fracking, una técnica de explotación muy debatida, parece inevitable en este nuevo contexto de búsqueda de soluciones energéticas sostenibles.
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