Una de las colecciones más relevantes del arte mexicano del siglo XX, que alberga importantes obras de Frida Kahlo y Diego Rivera, se prepara para ser exportada a España bajo un acuerdo con Banco Santander. Esta decisión ha generado un fuerte descontento en la comunidad cultural de México, que teme por el futuro de estas obras, designadas como “monumentos artísticos” por el Estado mexicano.
Casi 400 profesionales de la cultura han firmado una carta abierta pidiendo mayor claridad sobre las implicaciones del acuerdo, especialmente en lo relacionado con las obras de Kahlo. Francisco Berzunza, historiador y uno de los firmantes, enfatiza la relevancia de la artista, señalando que sus trabajos son más accesibles en el extranjero que en su propio país.
El núcleo del conflicto radica en una colección de 160 obras, que originalmente pertenecieron a los coleccionistas Jacques y Natasha Gelman, y que fueron adquiridas por la familia Zambrano en 2023. Esta colección, ahora renombrada como Gelman Santander, incluye además trabajos de artistas como Rufino Tamayo y José Clemente Orozco, y fotografías emblemáticas de la historia del arte mexicano.
Bajo los términos del acuerdo con Santander, la colección, que ha estado en exhibición pública en México tras un intervalo de casi dos décadas, regresará a España este verano para ser parte integral del nuevo centro cultural del banco, Faro Santander. Aunque la entidad ha prometido encargarse de la conservación y exhibición de la colección, su anuncio fue ambiguo respecto a la duración de la estancia en el país europeo, lo que preocupó a muchos.
La indignación aumentó cuando el director del Faro Santander, Daniel Vega Pérez de Arlucea, sugirió que la legislación sobre estas obras es “flexible” y que la colección tendría “una presencia permanente” en el centro cultural. Esto provocó temores de que las obras nunca regresen a México. Gabriela Mosqueda, curadora y también firmante de la carta, enfatizó la importancia de estas obras para la identidad mexicana, dada su declaración como monumentos artísticos en 1984, que estipula que solo pueden salir temporalmente del país.
El desacuerdo ha tocado una fibra sensible en el ámbito cultural de México, donde muchos creen que el acuerdo entre Inbal (Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura) y Santander es desfavorable para el patrimonio artístico nacional. Berzunza subrayó que esta legislación fue creada para proteger colecciones privadas y evitar su dispersión.
La presidente de México, Claudia Sheinbaum, ha afirmado que el deseo es que la colección permanezca en el país, mientras que la ministra de cultura, Claudia Curiel de Icaza, ha comunicado que las obras volverán a México en 2028. Santander también ha declarado que el acuerdo no implica la venta o la remoción permanente de la colección, asegurando que las obras regresarán al final del período temporal de exportación.
Sin embargo, la comunidad cultural permanece escéptica y en alerta, dado que los términos del contrato permiten que la colección permanezca en España entre 2026 y septiembre de 2030, periodo que podría extenderse de mutuo acuerdo. Berzunza concluyó advirtiendo que la pérdida de estas obras significaría borrar una parte fundamental de la historia de Kahlo, y, por ende, de la identidad mexicana.
Este es un momento crucial para el arte y la cultura en México, donde el debate sobre la protección del patrimonio artístico y su acceso local se vuelve cada vez más relevante.
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