En los últimos años, Sinaloa ha emergido como el epicentro de los feminicidios en México, un fenómeno alarmante que coincide con el aumento de la criminalidad en la región y las disputas internas de poder entre diferentes facciones del crimen organizado. Hasta el 31 de marzo de 2026, la Fiscalía General del estado reportó 16 feminicidios, con más del 80% de estos ocurridos en Culiacán, la capital estatal. Este municipio se ha convertido en un campo de batalla entre Los Chapitos, los hijos de Joaquín “el Chapo” Guzmán, y “La Mayiza”, un grupo liderado anteriormente por Ismael “El Mayo” Zambada.
Con una tasa de 1.78 víctimas por cada 100,000 mujeres, Culiacán se sitúa entre las ciudades más peligrosas del país respecto a feminicidios. Un desglose de las cifras revela que la mitad de las víctimas son mujeres jóvenes, con edades comprendidas entre 18 y 29 años, y que muchos de estos crímenes son perpetrados con armas de fuego, comunes en un contexto de violencia exacerbada.
La tendencia de los feminicidios ha presentado picos en años específicos. En 2017, Sinaloa registró 86 feminicidios, lo que representa un aumento del 72% respecto al año anterior, coincidiendo con el ascenso de la violencia tras la captura de “el Chapo” en enero de 2016. Este evento marcó el inicio de una lucha interna dentro del Cártel de Sinaloa. Entre 2018 y 2024, los números se estabilizaron, con cifras que no superaron las 49 víctimas anuales. Sin embargo, 2025 trajo consigo un nuevo repunte, alcanzando al menos 73 feminicidios, de los cuales 44 se cometieron en Culiacán. Este incremento se correlaciona con la detención de “El Mayo” Zambada el 25 de julio de 2024 y la fractura definitiva entre los bandos del cártel.
Daniela Osorio, investigadora de México Unido Contra la Delincuencia, sugiere que el aumento de feminicidios puede atribuirse a la concentración de las instituciones en la lucha contra la violencia organizada, dejando en un segundo plano otras formas de violencia, como la de género y familiar. Este enfoque unidimensional ignora la transformación de los delitos comunes, que, en muchos casos, son también perpetrados con el uso de armas de fuego que proliferan en este tipo de territorios.
Fernando Escobar, investigador de Causa en Común, agrega que el feminicidio en Sinaloa no es un fenómeno reciente, pero su aumento se ha vuelto crítico. Destaca que, a diferencia de otros homicidios, la mayoría de las mujeres asesinadas son clasificadas como feminicidios, lo que revela un patrón de violencia sistemática de género. Este análisis subraya que el feminicidio a menudo se interconecta con otros delitos que involucran un trasfondo de género, como la trata de personas vinculada al crimen organizado.
Por último, tanto Osorio como Escobar coinciden en que la violencia cotidiana y doméstica tiende a escalar en el clima de violencia generalizada del país, lo que plantea un desafío significativo para las autoridades y la sociedad en su conjunto. La situación en Sinaloa no solo refleja una crisis de seguridad, sino también un llamado urgente a prestar atención a la violencia de género, que sigue en aumento en medio de un mar de conflictos que amenazan la vida de las mujeres en la región.
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