En un esfuerzo por recontar la historia de su tierra natal, la artista Rawya El Chab presenta su obra “Crossing the Water”, un viaje emocional y narrativo que profundiza en el legado de la Guerra Civil Libanesa, que azotó a su país desde 1975 hasta 1990. El Chab, quien ha vivido en múltiples continentes y se trasladó a Nueva York en 2018, utiliza el arte performativo para explorar su historia familiar y rescatar las narrativas de un conflicto frecuentemente presentado en términos simplistas.
En sus representaciones, El Chab aborda eventos de gran relevancia, como la invasión israelí de 1982, que interrumpió su infancia en Beirut. A partir de relatos personales y testimonios, narra su huida de la ciudad junto a su madre en 1983, después de que su padre se exiliara en Abidjan. Con un enfoque en la experiencia humanitaria, su trabajo destaca las complejidades de una historia que a menudo se reduce a una narrativa sectaria. “Este es el culmen de la política identitaria: la guerra civil”, afirma, invitando a la reflexión sobre las alianzas que han surgido y desaparecido a lo largo del tiempo.
La técnica que emplea es diversa e innovadora. Utiliza marionetas y recortes de papel que personifican figuras de la historia política libanesa, entre ellas, los ex líderes Menachem Begin y Amine Gemayel. A través de estos elementos, busca transmitir no solo los hechos, sino también el impacto emocional de las palabras y acciones de estos personajes históricos. “Un payaso es una forma juguetona de descubrir el mundo”, dice El Chab, enfatizando su deseo de acercar a las audiencias a temas complejos mediante el humor.
Su reciente serie se inspira en una conversación sobre la heroica figura de su prima, Loula Abboud, luchadora comunista, cuya vida se ha convertido en un símbolo de resistencia. Este trabajo ha resonado no solo con sus compatriotas libaneses, sino también con palestinos y sirios que se han acercado a ella para compartir sus propias historias de lucha y desplazamiento.
El Chab ha notado que, aunque inicialmente su presentación estaba destinada a un público neoyorquino poco familiarizado con la historia libanesa, el mensaje ha encontrado eco en muchas comunidades que buscan ver sus experiencias reflejadas a través de una óptica auténtica. “Lo que intento hacer es traer las complejidades, la humanidad de las personas con las que viví, y compartirlo con otros”, explica.
A medida que la guerra continúa en el sur de Líbano, el sentido de urgencia en su trabajo se incrementa. La pérdida de patrimonio y la destrucción cultural son temas que el artista explora a fondo. “Estos pueblos y ciudades tienen miles de años. Lo que están destruyendo es parte de nuestra historia”, comenta, lamentando la devastación inimaginable que hoy vive su país.
El Chab planea seguir explorando la historia de coaliciones de izquierda dentro de la OLP en los años 80, reflexionando sobre cómo tales alianzas podrían ofrecer un contraste necesario con los movimientos sociales actuales, que a menudo se ven fragmentados por identidades individuales.
La obra de Rawya El Chab es más que una representación artística; es un esfuerzo por reconstruir las memorias que las crisis intentan borrar. Con cada presentación, abre un puente hacia su historia personal y comunitaria, con el objetivo de sanar y conectar con su nuevo público en Nueva York, y ampliar la comprensión de lo que significa ser parte de una narrativa marcada por la guerra. Su trabajo se erige como un recordatorio de que las historias, aunque a menudo silenciadas, son esenciales para la memoria colectiva y la identidad cultural.
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