El pasado 17 de abril de 2026, el Palacio Postal Mexicano se convirtió en un escenario de reconocimiento y gratitud durante la entrega de los Premios Nacionales de Ingeniería y Arquitectura. En un acto encabezado por el secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Jesús Esteva Medina, en representación de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, se celebró la trayectoria de dos destacados profesionales: el ingeniero Francisco de Pablo Galán y el arquitecto Augusto Quijano Axle.
Esteva resaltó la importancia de honrar el legado de estos galardonados, recordando que son ejemplos vivientes de un país construido con esfuerzo, inteligencia y responsabilidad. “Hoy no solo entregamos un reconocimiento; estamos aquí para mirar con gratitud lo que permanece y trasciende el tiempo”, afirmó, citando a Lao Tse en el contexto del agradecimiento como la memoria del corazón.
El ingeniero Francisco de Pablo fue elogiado por su contribución a la infraestructura educativa en México, donde su obra ha dejado una huella indeleble. “Construir infraestructura educativa no es solo levantar edificios, es abrir oportunidades que transforman vidas”, señaló Esteva, subrayando que estas edificaciones se convierten en semillas para el futuro de los jóvenes que allí se forman.
Por su parte, el arquitecto Augusto Quijano fue recordado por su capacidad para infundir emoción en el espacio arquitectónico. Esteva destacó que sus obras logran crear un diálogo entre la luz, el silencio y la forma, convirtiendo cada estructura en una invitación a la contemplación y la introspección. La sensibilidad de Quijano en su trabajo resuena con la noción de que la arquitectura puede convertir lo cotidiano en algo significativo.
Este evento, organizado por la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, también contó con la presencia del subsecretario de Infraestructura, Juan Carlos Fuentes Orrala, así como familiares y amigos de los homenajeados. En un momento que exhortó a la reflexión, Esteva concluyó expresando su agradecimiento tanto al ingeniero como al arquitecto por su “vida hecha obra y por su obra hecha memoria”.
Este acto no solo celebró los logros de individuos excepcionales, sino que también reforzó un compromiso colectivo hacia la construcción con sentido, tal como lo recordaba el destacado arquitecto Luis Barragán. En tiempos donde la urgencia del presente nos envuelve, es esencial recordar que las obras perduran más allá de nosotros, contribuyendo a una sociedad que se eleva sobre los cimientos de la memoria compartida.
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