Ides Kihlen, una destacada pintora abstracta argentina, falleció el 14 de abril de 2026 a la notable edad de 108 años. Su muerte fue confirmada por Galería Via Margutta, que ha representado su trabajo desde 2012. A pesar de haber comenzado su carrera artística en una época en que se esperaba poco de los artistas mayores, Kihlen sorprendió al mundo del arte con su primer espectáculo individual a los 85 años, lo que marcó el inicio de un nuevo capítulo en una trayectoria ya de por sí inspiradora.
Nacida en la provincia de Santa Fe en 1917, Kihlen se trasladó a Buenos Aires durante su adolescencia, donde comenzó su formación artística en la Escuela Nacional de Artes Decorativas. Su pasión por las artes no se limitó a la pintura; a lo largo de su vida, mantuvo una profunda conexión con la música, dedicándose a tocar el piano en sus momentos de reflexión.
A pesar de que la mayor parte de su carrera fue en el ámbito de la pintura figurativa, Kihlen experimentó un giro fundamental en la década de 1960, cuando se introdujo en el mundo de la abstracción. “La figuración me dejó como si se estuviera diluyendo”, comentó la artista, reflejando su necesidad de explorar nuevas formas de expresión. Esta transición la llevó a crear obras que fusionan formas geométricas, líneas experimentales y recortes de papel de colores, superpuestos en fondos diversos que danzan entre lo musical y lo visual.
En 2002, la presentación de una retrospectiva en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Buenos Aires no solo celebró su obra, sino que también la introdujo de lleno en el panorama artístico contemporáneo. Desde entonces, su trabajo se ha exhibido en reconocidas instituciones como el Museo de Arte Moderno de São Paulo y el Museo de Bellas Artes Emilio Caraffa en Córdoba.
La vida de Kihlen estuvo marcada por su dedicación inquebrantable al arte, algo que sus admiradores destacan como un aspecto esencial de su legado. Isabella Hutchinson, fundadora de Hutchinson Modern & Contemporary en Nueva York, recordó con afecto cómo Kihlen compartía su hogar con sus creaciones: “Entrar en ese espacio era mágico”, adujo.
Kihlen deja atrás a sus dos hijas, Ingrid González Monteagudo y Silvia González Kihlen, quienes han actuado como guardianas de su legado. La galería Vía Margutta, que sostuvo una relación cercana con la artista a través de su familia, describió su encuentro con Kihlen como un destino, sobre todo al descubrir que compartían no solo el lugar de nacimiento, sino también la misma fecha de cumpleaños.
Con su fallecimiento, el mundo del arte contemporáneo pierde a una figura luminosa, una artista cuyo compromiso con la creación y la expresión es cada vez más raro. “Era un ser maravilloso que partió en absoluta paz, rodeada de amor”, compartió su hija, resumiendo el impacto que Kihlen tuvo en quienes la rodearon.
La afluencia de tributos y recuerdos que han surgido tras su muerte revelan la profunda huella que dejó en la comunidad artística. Como afirmó María de Becerra, directora de la galería que representó a Kihlen, “para nosotros, ella es eterna”.
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