El secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, reafirmó esta semana en la Ciudad de México un cambio significativo en el panorama comercial global, en concordancia con el representante estadounidense, Jamielson Greer. Ambos funcionarios coincidieron en la percepción de que el mundo libre de aranceles, tan anhelado por muchos, parece ser parte del pasado.
Durante el lanzamiento del Programa Embajadores de la Innovación, Ebrard destacó que la nueva estrategia de Estados Unidos se centra en reducir su dependencia de Asia. En este contexto, subrayó el papel clave que México puede desempeñar como aliado estratégico, capaz de satisfacer la demanda estadounidense de producción local en sectores vitales.
Desde el lunes, las delegaciones de México y Estados Unidos han estado inmersas en una intensa ronda de negociaciones sobre la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Ebrard expuso los diagnósticos y propuestas de México el día inaugural, mientras que el martes fue el turno de Estados Unidos. A medida que avanzaban las discusiones, el titular de la Economía mexicana se mostró consciente de que el modelo tradicional de comercio libre está en declive. “El sistema comercial que teníamos ya es muy difícil que regrese,” afirmó, con un tono de preocupación.
El enfoque hacia un entorno donde prevalecen distintos niveles de aranceles y regulaciones más estrictas de origen se ha vuelto ineludible. Ebrard enfatizó que en lugar de añorar un tiempo sin tarifas, es necesario adaptarse a esta nueva realidad comercial, en la que las reglas de origen pueden ser incluso más cruciales que los aranceles mismos.
El secretario también hizo énfasis en los aranceles impuestos por Estados Unidos a importaciones mexicanas de acero, aluminio y productos automotrices, considerándolos difíciles de erradicar. A pesar de este escenario complicado, Ebrard señaló que ya se han logrado avances en la reducción de aranceles en el sector automotriz, donde la mayoría de los exportadores mexicanos han estado pagando tasas inferiores al 25%.
Con estos argumentos, Ebrard plantea un claro reto: encontrar vías para minimizar el impacto de estos aranceles que, aunque parecen firmes, pueden ser objeto de negociación y ajuste a través de colaboraciones más robustas entre las dos naciones.
En una conclusión que invita a la reflexión, las palabras de Ebrard subrayan un cambio inminente en las dinámicas comerciales y un llamado a la acción para rediseñar las estrategias económicas en un mundo que cada vez se aleja más del ideal del libre comercio.
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