En el vertiginoso mundo de las redes sociales, los influencers virtuales han comenzado a ocupar un espacio significativo, desafiando la percepción de la autenticidad en la era digital. La aparición de Lil Miquela en 2016 marcó un hito: este avatar de C.G.I. se posicionó como una aspirante a cantante en Instagram, generando tanto entusiasmo como críticas. Creada por Trevor McFedries, Miquela, con su distintiva mezcla racial y su estilo único, supo captar la atención de marcas reconocidas como Prada y Calvin Klein. Su éxito no solo se tradujo en colaboraciones brillantes, sino también en la capacidad de su creador para atraer millones en financiamiento para su startup. Según Cyan Banister, ex socia de Founders Fund, la clave del atractivo de estas figuras digitales radica en que “puedes crear a los Kardashian sin los problemas inherentes a ser humano”.
Sin embargo, la llegada de estas representaciones virtuales no ha estado exenta de controversia. En marzo de 2024, la influencer negra Tatiana Elizabeth se vio envuelta en una polémica cuando su rostro fue manipulado en una imagen de un evento por la influencer blanca Lauren Blake Boultier. Aunque Boultier atribuyó la responsabilidad a un “agencia de contenido de IA de terceros”, Elizabeth expresó su frustración: había trabajado arduamente durante ocho años para alcanzar oportunidades como esa. Su crítica se centró en la falta de respeto y transparencia en un espacio donde la creación de contenido se ha vuelto accesible a través de la tecnología.
Las redes sociales han visto surgir una nueva camada de cuentas generadas por IA. Personas como Miquela, que cuentan con una narrativa rica y compleja, parecen ir en contra de una tendencia donde la profundidad se sacrifica en favor de la mera aparición. McFedries argumenta que, en su búsqueda de construir una narrativa similar a Disney, muchos están olvidando los pasos esenciales que llevan al éxito. Mientras tanto, la cultura del influencer, que tradicionalmente se ha centrado en la intimidad, muestra signos de deterioro en cuanto a la autenticidad.
Otra faceta sorprendente de la influencia virtual se manifiesta en la industria del contenido para adultos. En grupos de discusión online, se ha documentado el uso de imágenes generadas por IA para crear perfiles de mujeres utilizadas en plataformas de este tipo. Las discusiones sobre el uso de “pornobots” han aumentado, revelando un entorno donde hombres comparten técnicas para desarrollar estas figuras artificiales. Un video de un estratega de OnlyFans destacó el atractivo de las creaciones de IA sobre los modelos humanos, enfatizando la facilidad y la disponibilidad continua que ofrecen estas representaciones.
A medida que la tecnología avanza y los algoritmos se vuelven más sofisticados, la línea entre la realidad y la representación virtual se desvanece. Un fenómeno cada vez más común es la figura de artistas como Sienna Rose, quien, aunque se sospecha que es generada por IA, ha logrado acumular popularidad impulsada por figuras reconocidas. Al final, el fenómeno de los influencers virtuales plantea preguntas importantes sobre el futuro de la autenticidad en un mundo donde la imagen y el contenido digital se entrelazan de formas novedosas.
Esta tendencia, por supuesto, continúa evolucionando, y fuentes actuales indican que el panorama de los influencers y su interacción con la tecnología seguirá desarrollándose en nuevas direcciones en los próximos años.
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