A partir del próximo 1 de mayo y hasta el 31 de octubre de 2026, se implementará una reducción temporal en las comisiones que las gasolineras deben abonar al aceptar pagos con tarjetas y vales para la compra de gasolina y diésel. Esta medida ha sido anunciada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, junto con la Asociación de Bancos de México y la Asociación de Sociedades de Vales, con el objetivo de contener y eventualmente reducir los precios finales de estos combustibles.
El plan busca no solo aliviar la carga financiera de los consumidores, manteniendo el precio de la gasolina Magna cercano a 24 pesos por litro y el diésel por debajo de 28 pesos, sino también fomentar la digitalización y la inclusión financiera. Actualmente, aproximadamente el 47.4% de las compras de combustible se realizan en efectivo, lo que subraya la necesidad de un impulso hacia los pagos digitales.
La presidenta Sheinbaum resumió la estrategia de manera sencilla: los bancos eliminarán la cuota de intercambio en las transacciones con tarjetas de débito y crédito, lo cual representa un 80% del total de las comisiones. Esto se traduce en ahorros significativos para los consumidores: en las tarjetas de débito, la comisión actual del 0.45% disminuirá a 0%, equivalente a un ahorro de 2.57 pesos por transacción, mientras que para las tarjetas de crédito se pasará de un 1.00% a 0%, ahorrando aproximadamente 7.45 pesos por operación promedio.
Además, las empresas emisoras de vales aplicarán descuentos en las comisiones a las que están sujetas, específicamente un descuento de 1.10 pesos por transacción. Entre tanto, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, el Banco de México y la Secretaría de Hacienda se encargarán de emitir las regulaciones necesarias para que estos cambios se implementen automáticamente.
Este movimiento es visto como el primer paso hacia la eliminación gradual del uso del efectivo en gasolineras, con la ambición de que, una vez concluido este periodo, todos los pagos sean completamente digitales. Se espera que esta transición esté alineada con la creciente tendencia global hacia el uso de dinero digital, que ha demostrado ser más económico y eficiente comparado con el efectivo, como lo han evidenciado economías de países como Suecia y Noruega, donde hasta el 99% de las transacciones son digitales.
Mientras se avanza en este proyecto, el gobierno también tendría que enfrentar el gran desafío de la economía informal, que ha sido un obstáculo para la digitalización completa en el país. La medida presentada es, sin duda, un paso significativo hacia un futuro donde los pagos electrónicos predominen, reforzando la seguridad, rapidez y eficiencia en las transacciones comerciales y, simultáneamente, beneficiando la economía nacional.
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