El 3 de febrero de este año, la presidenta Sheinbaum presentó con gran expectativa el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030, con un ambicioso presupuesto de 5.6 billones de pesos y una meta de crecimiento del 3% anual. Se anunciaron más de mil quinientos proyectos, prometiendo un 54% de la inversión destinado al sector energético. Sin embargo, a dos meses de este anuncio, las cifras disponibles revelan un panorama preocupante.
Según el informe de Finanzas Públicas de la SHCP para el primer bimestre de 2026, la inversión en el sector energético se desplomó un 75.3% en términos reales. Pasó de 95,498 millones de pesos en el mismo periodo de 2025 a solo 24,552 millones. En este contexto, Pemex reportó una inversión de 20,971 millones, marcando su nivel más bajo para un primer bimestre desde 2008. Sin la aportación de Pemex, la inversión física del gobierno habría crecido un 5.4%. El petróleo, una vez más, se convierte en el pilar del presupuesto, mientras que el plan para Pemex, que contemplaba 425 mil millones de pesos, de los cuales 120 mil debían provenir de la iniciativa privada, aún no tiene estructura definida ni convocatoria.
El diagnóstico se vuelve más preocupante al observar el sector eléctrico. La CFE reportó una inversión de 3,580 millones de pesos, lo que representa una caída anual del 6%. Esta tendencia no es aislada; en 2025, la inversión física de la CFE también sufrió una reducción del 24% en términos reales. A pesar de la promesa de una inversión histórica, la empresa encargada de sostener el crecimiento industrial y la transición energética lleva dos años recortando su gasto de capital.
La discrepancia entre las proyecciones y la realidad es evidente en el Plan de Fortalecimiento y Expansión del Sistema Eléctrico Nacional 2025-2030. Este plan promete 624.6 mil millones de pesos para añadir 21,846 MW de capacidad, pero la CFE solo asigna 10.3 mil millones a proyectos de transmisión, muy por debajo de los 163.5 mil millones considerados necesarios. Sin una infraestructura robusta, no hay posibilidades de una generación confiable ni de un autoconsumo viable.
Además, la inversión privada, que se supondría como un complemento crucial, tampoco aparece en el panorama. Los últimos datos del INEGI indican que la formación bruta de capital fijo cayó un 6.7% real en 2025, acumulando 16 meses de contracción anual. La inversión total se sitúa en el 22.9% del PIB, muy por debajo del 25% que el Plan México propone para 2026, y del 28% previsto para 2030. Según BBVA, esta caída se atribuye a la creciente incertidumbre derivada de reformas legales y cambios en normativas. La gobernanza se ha mantenido como una preocupación constante, lo que ha desincentivado el anuncio de nuevas inversiones.
La conclusión resulta inquietante: el plan de inversión del gobierno promete destinar un 54% a energéticos, pero en la práctica, los recursos se concentran en hidrocarburos y se destina poco al sector eléctrico, que es fundamental para el crecimiento. Con una inversión total en descenso y la privada paralizada, alcanzar el objetivo del 25% del PIB en 2026 se presenta como un desafío aritméticamente inviable. Esto no solo es un tema de cifras, sino de prioridades y confianza en la ejecución de proyectos que son vitales para el futuro energético del país.
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