Elegir entre un baguette y una tortilla, o preferir un vino tinto a una agua de mango, no son decisiones que puedan considerarse traiciones a la patria. De la misma manera, optar por un viaje a Seúl en lugar de Culiacán no implica deslealtades. Sin embargo, en el actual contexto mexicano, tales elecciones han sido distorsionadas por algunos políticos de Morena, quienes tildan como traidores a aquellos que sólo anhelan un México más pacífico y libre de la influencia del narcotráfico.
La verdadera defensa de la soberanía radica en el respeto y cumplimiento del Estado de Derecho. La libertad de caminar por las calles de Seúl a cualquier hora sin temor contrasta dramáticamente con la situación en Culiacán, donde la sensación de inseguridad predomina. Este miedo, resultado de la erosión del control del Estado mexicano en su territorio durante las últimas dos décadas, se agrava por un terreno donde, en ocasiones, se han transferido potestades a cárteles a cambio de dinero o mediante el uso de la fuerza.
El reciente nombramiento de Roberto Velasco como Secretario de Relaciones Exteriores ha puesto de manifiesto la fragilidad del discurso diplomático del gobierno actual. Velasco asumió su cargo el 8 de abril de 2026 y, solo 21 días después, emitió un comunicado indicando que Estados Unidos no había enviado pruebas anexas a las órdenes de extradición de diez funcionarios. Este error inicial refleja una estrategia defensiva, en contraposición a una necesaria cooperación, a la que la administración de Palacio Nacional parece haber optado.
La naturaleza de la política exterior estadounidense ha cambiado desde el mandato de Donald Trump. Si bien el presidente decidió, hay que recordar que figuras clave como Marco Rubio delinean la estrategia hacia América Latina. En este contexto, la diplomacia mexicana necesita reforzar sus vínculos con autoridades estadounidenses, evitando caer en el reduccionismo de la “defensa de la soberanía”. La crítica de la presidenta Claudia Sheinbaum hacia la gobernadora de Chihuahua, designando a esta como culpable de la presencia de agentes de la CIA, tuvo repercusiones negativas en el ámbito diplomático.
Se dice que el embajador Ronald Johnson se mostró especialmente alarmado ante las declaraciones de Sheinbaum, lo que subraya la tensión en la relación bilateral. Es imperativo que la comunicación entre México y Estados Unidos se fortaleza y que los funcionarios de la administración mexicana actúen con un enfoque más estratégico y menos combativo.
A medida que el contexto político evoluciona, queda claro que el futuro de las relaciones exteriores de México dependerá de la capacidad del liderazgo para articular una estrategia que contemple las realidades del entorno internacional, sin perder de vista la esencia de la soberanía nacional.
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