La Bienal de Venecia ha abierto sus puertas en una edición cargada de tensión y simbolismo. Este martes, durante la pre-inauguración profesional, un grupo destacado de artistas se unió para protestar contra la participación de Israel en el evento, al tiempo que expresaba solidaridad con el pueblo palestino. Aproximadamente 60 artistas y otros participantes se congregaron en el emblemático Giardini para llevar a cabo una acción titulada “Solidarity Drone Chorus”.
La manifestación comenzó al mediodía con un componente sonoro singular: los artistas entonaron “Drone Song”, una composición viral del músico gazatí Ahmed “Muin” Abu Amsha. Esta acción, concebida para “ocupar sonoramente el espacio”, buscaba traer a la Bienal una representación de la realidad cotidiana que enfrentan los habitantes de Gaza, sumidos en el sufrimiento y la resistencia constante. “El sonido de los drones es una presencia abrumadora en la vida diaria en Gaza”, comentó la artista Carolina Caycedo tras la acción, subrayando que buscan visibilizar la difícil situación de quienes viven allí.
El acto de protesta fue el resultado de meses de organización por parte de artistas vinculados a la exposición principal, impulsado por una carta abierta del grupo activista Art Not Genocide Alliance, que fue firmada por cerca de 200 artistas, curadores y trabajadores del arte. Esta carta, publicada en marzo, exigía la exclusión de Israel de la Bienal, lo que pone de manifiesto las tensiones que pueden surgir entre el arte y la política.
El descontento de los participantes se intensificó con las decisiones tomadas por los directores de la Bienal, quienes trasladaron el Pabellón israelí al Arsenale, un movimiento que, según Caycedo, los coloca en una situación de complicidad involuntaria. “Estamos cansados de la falta de rendición de cuentas en el mundo del arte”, afirmó la artista, quien también presenta su obra en la sección “In Minor Keys”.
Sin embargo, el enfoque de la manifestación no se limitó a criticar la inclusión de Israel. Caycedo y su colega Rui Dias Monteiro enfatizaron que su objetivo era amplificar las voces de los artistas palestinos. La mayoría de los participantes vistieron camisetas con los nombres de artistas gazatíes y palestinos, muchos de los cuales han perdido la vida en los últimos años. En la parte posterior de estas camisetas estaban impresas obras de estos artistas, contribuyendo a una narrativa visual que resaltaba su legado.
La lista de artistas representados en las camisetas fue un esfuerzo colaborativo de artistas palestinos vinculados a la Bienal y el Museo Palestino en Ramallah. Un artista participante, que prefirió permanecer en el anonimato para centrar la atención en la acción colectiva, expresó su decisión de participar debido a la urgencia de abordar la normalización de la participación de naciones que cometen crímenes de guerra. “No podemos quedarnos callados ante esta situación”, afirmó.
Los organizadores de la acción han planeado continuar su presencia en la Bienal con representaciones programadas para los próximos días, reafirmando su compromiso de señalar las injusticias mientras buscan elevar las voces oftalas de los artistas palestinos. Este movimiento no solo resalta el papel del arte como un medio de resistencia, sino que también invita a la reflexión sobre el poder de las plataformas culturales para abordar cuestiones de gran relevancia global.
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