En 1964, un joven Mohammad Omer Khalil realizó su primera grabación en un taller de Florencia, Italia. A pesar de sus dudas iniciales sobre el proceso químico, con cautela sumergió su dedo en el ácido, comenzando una trayectoria que lo llevaría a convertirse en un maestro grabador de renombre. Su primera obra, “Still life (Cafe Roma)”, ahora se exhibe en el Blackburn Study Center de Manhattan, como parte de una amplia retrospectiva que celebra su carrera a lo largo de sus 90 años.
La exposición, que se titula “Common Ground”, ha sido cuidadosamente organizada por las curadoras Amina Ahmed y Jenna Hamed, quienes son amigas y colaboradoras de Khalil. Durante la primavera, esta muestra se complementa con una serie de exposiciones, lecturas literarias, proyecciones y presentaciones en distintos lugares, como el Arab American National Museum en Michigan y la New York Public Library. Este evento se presenta como un marco para explorar la vida y obra de Khalil, resaltando su contribución al arte a lo largo de seis décadas.
Hamed considera “Common Ground” como “una marca del tiempo”, que refleja no solo el reciente hito de cumplir 90 años, sino también su viaje de 60 años en Nueva York. La muestra abarca desde sus primeras impresiones hasta grandes grabados, cuya escala es poco común en esta técnica. Khalil ha sido influenciado por diversas fuentes, desde la música de la famosa cantante egipcia Umm Kulthum hasta la pintura del Renacimiento italiano, lo que da forma a su lenguaje visual.
Una serie de grabados de 1999 se acompaña de un poema del modernista sirio Adonis, presentando una conexión entre el arte visual y la poesía, y mostrando la profundidad emocional de su trabajo. Esta combinación de palabras e imágenes refleja los temas de la pérdida y el viaje, resonando con las experiencias vitales de Khalil.
A lo largo de su carrera, Khalil ha redescubierto antiguos grabados en su estudio, fusionando el pasado con su actual búsqueda de innovación. Su enfoque sobre el arte es flexible: “Debes mantener los ojos abiertos a lo que sucede y ver si puedes usarlo o rechazarlo”, afirma, destacando la importancia de la experimentación en su proceso creativo.
A pesar de ser su tercera exposición individual en Nueva York, la reputación de Khalil ha sido reconocida en el mundo árabe y africano. Las curadoras aspiran a elevar su perfil dentro del arte contemporáneo, argumentando que su historia ha sido a menudo pasada por alto.
Nacido en 1936 en Jartum, Sudán, Khalil comenzó su educación artística poco antes de la independencia de su país en 1956. Tras estudiar en Florencia, enfrentó desafíos como la discriminación racial, que lo obligó a buscar refugios en lugares poco convencionales. En 1967 se trasladó a Nueva York con su esposa, donde comenzó a trabajar en el taller de impresión de Robert Blackburn, convirtiéndose en una figura clave en las comunidades artísticas de la ciudad.
Khalil también fue fundamental en la creación del Asilah Printmaking Workshop en Marruecos en 1978, un punto neurálgico para la educación en grabado en el mundo árabe. Vivió entre Nueva York y Asilah durante muchos años, encontrando inspiración en la vografía de ambas ciudades.
Su arte, afirma, es la forma en que da sentido a su vida. Mientras recorría la galería, Khalil recordó momentos significativos de su existencia, desde separaciones personales hasta descubrimientos artísticos. La obra “Still life (Cafe Roma)”, que ahora lo conecta con sus orígenes en Florencia, simboliza su viaje a través del tiempo y la transformación.
Con una vida repleta de experiencias y un legado artístico considerable, Khalil se convierte en una voz esencial que narra la historia de un mundo vasto y cambiante. A medida que su retrospectiva avanza, nos invita a reflexionar sobre la riqueza de sus contribuciones y las complejidades de las historias que el arte puede contar.
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