En Minneapolis, el 12 de febrero, Tom Homan, designado por Trump como “zar de la frontera”, anunció el “fin” de la controvertida Operación Metro Surge. Durante esta operación, más de 4,000 agentes federales apuntaron agresivamente a las comunidades inmigrantes en las Ciudades Gemelas, generando caos y tragedia en la región, lamentablemente resultando en la muerte de individuos como Renee Good y Alex Pretti.
Sorprendentemente, ese mismo día marcó la apertura de una instalación artística significativa por parte de la creadora interdisciplinaria Rosy Simas en el Walker Art Center, titulada A:gajë:gwah dësa’nigöëwë:nye: (i hope it will stir your mind). Esta instalación busca ofrecer un espacio de paz y reflexión, con objetos evocadores como botellas de sal hechas de hojas de maíz tejidas, cada una honrando a un familiar de Simas. En medio de la agitación social, esta obra se convierte en un refugio ante el miedo y la confusión.
La exposición se inspira en la figura de su bisabuelo quinto, Handsome Lake (Ganyodaiyo’), un líder de la comunidad Seneca que, tras años de guerras, comenzó a enseñar un enfoque basado en una “buena mente” en el siglo XIX. Este trabajo estará disponible hasta el 5 de julio y forma parte de un proyecto más amplio que también incluye presentaciones en mayo.
Desde enero, el enfoque de Simas ha adoptado un tono más sutil. Ella describe la instalación como un lugar donde las personas pueden descansar y reflexionar ante un entorno de incertidumbre y creciente tensión. “Se tiene que crear desde un lugar de paz”, señala. Este enfoque es aún más crucial dadas las recientes presiones sociales en la comunidad.
La experiencia de presentar una exposición en medio de un ambiente opresivo no ha sido sencilla. Simas resalta la importancia de crear espacios donde la comunidad pueda conectarse, incluso cuando parece complicado reunir a las personas. Mientras algunos se sienten paralizados por el contexto actual, el arte se convierte en un medio vital de expresión y resistencia.
El trabajo de Simas combina la danza y el arte visual, ofreciendo una experiencia en la que los espectadores son parte activa del proceso. La instalación invita a los asistentes a moverse a través de diferentes estaciones, cada una diseñada para profundizar la relación entre la obra y quien la observa. Este flujo refleja no solo su trayectoria como artista de movimiento, sino también su intención de crear un entorno reflexivo.
La influencia de la cultura Haudenosaunee se traduce en la disposición de los elementos de la instalación, que invita a moverse en el sentido de las agujas del reloj, una acción que contrasta con las prácticas comunes y establece una conexión íntima con el espacio.
Además, Simas menciona la crucial necesidad de visibilidad para las voces indígenas, BIPOC y queer, a menudo suprimidas. “Debemos seguir creando”, afirma, señalando que el arte tiene el poder de unir a las personas en tiempos de desesperanza.
El ambiente de la instalación ha sido percibido por muchos como sagrado. Aunque Simas rechaza etiquetar su trabajo de esta manera, la importancia de la experiencia que ofrece es indiscutible. Su enfoque busca proporcionar un espacio que responda a las necesidades actuales de la comunidad en Minneapolis, aumentando la relevancia de su obra en un momento tan crítico.
La instalación y sus actividades comunitarias no son solo arte, sino un bálsamo para el espíritu colectivo, manteniendo viva la chispa de la creación en tiempos de oscuridad.
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