A 20 años de los operativos en San Salvador Atenco, las cicatrices de un episodio oscuro en la historia reciente de México siguen abiertas. Este aniversario ha sido un momento de reflexión y exigencia de justicia por parte de las sobrevivientes de tortura sexual y violaciones a derechos humanos, quienes no se rinden ante la impunidad que persiste en el país.
Durante un conversatorio realizado en la Universidad Iberoamericana, Edith Rosales, en representación de estas mujeres, enfatizó que la violencia ejercida en 2006 no fue un caso aislado. En vez de eso, describió un patrón estructural donde el Estado empleó los cuerpos de las mujeres como mecanismos de castigo. “Lo que vivimos no fue un exceso aislado. Fue una forma de castigo dirigida a las mujeres”, afirmó Rosales, recordando que las detenciones y traslados estuvieron marcados por agresiones físicas, sexuales y psicológicas, perpetradas tanto por policías hombres como mujeres.
Este trágico capítulo escaló a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que condenó al Estado mexicano por las violaciones cometidas. A pesar de esto, al cumplirse dos décadas de los hechos, las víctimas continúan denunciando que la justicia sigue sin materializarse, exponiendo una preocupante falta de acción y compromiso.
Analistas de seguridad también subrayan la gravedad de los incidentes en Atenco. Ernesto López Portillo, del programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero, advierte que cuando las fuerzas de seguridad son responsables de abusos, se crea un “paradigma de injusticia” que socava la confianza de la ciudadanía en las instituciones encargadas de garantizar el orden público. Este fenómeno refleja fallas profundas en los sistemas de seguridad y justicia en México, que deben ser urgentemente abordadas.
Con el eco de las demandas de justicia resonando dos décadas después, es fundamental que la sociedad y el Estado escuchen y actúen. Las sobrevivientes de Atenco no solo requieren reconocimiento y reparación, sino también un cambio estructural que impida que actos de violencia y abuso se repitan en el futuro. Esto es un llamado a la acción, no solo para recordar lo ocurrido, sino para garantizar que la historia no se repita.
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