El 6 de mayo de 2026, el inicio de las primeras vistas del prestigioso Venice Biennale estuvo marcado por un tumulto significativo. Activistas pro-Palestina, organizados por la Art Not Genocide Alliance, llevaron a cabo una manifestación enérgica frente al pabellón de Israel, uniéndose para exigir su cierre inmediato. Alrededor de 200 manifestantes, ondeando banderas de Palestina y portando pancartas con frases contundentes como “No Artwashing Genocide” y “No Genocide Pavilion at Biennale”, bloquearon la entrada al espacio dedicado a la exposición “Rose of Nothingness” del artista Belu-Simion Fainaru.
Durante aproximadamente media hora, los gritos resonaban en el aire: “Israel, no puedes ocultarte. Te acusamos de genocidio”. A la par, los manifestantes lanzaron volantes al aire e hicieron circular una guía titulada “Una Guía para la Complicidad y Protesta”. Esta acción no fue en vano; más de 200 artistas, algunos de ellos participantes en el evento, habían firmado una carta instando a la dirección del Biennale a excluir a Israel de la exhibición internacional, pero esta recomendación fue desechada.
En un giro inesperado, el Biennale proporcionó a Israel un espacio alternativo dentro del Arsenale, mientras que su pabellón oficial en Giardini estaba en proceso de renovación. Además, la renuncia en masa del jurado del Biennale, ocurrida una semana antes, fue una manifestación del descontento político, esto ante la decisión de descalificar a Israel y a Rusia, ambos acusados de crímenes contra la humanidad, de cualquier premio. Durante la manifestación, un orador enfatizó la complicidad del Biennale en actos de genocidio, describiendo la exhibición como una “vacía fantasía de inclusión y tolerancia”.
En medio de este contexto, el colectivo de arte Pussy Riot se unió a las activistas feministas ucranianas de FEMEN en una vigilia a las afueras del pabellón ruso. A diferencia de lo que ocurría en el espacio israelí, el pabellón ruso estaba destinado a cerrar durante el resto del evento, en cumplimiento con las sanciones internacionales.
Nolan Oswald Dennis, un artista sudafricano presente en la protesta, destacó la importancia de la honestidad en el arte, subrayando que no se puede ignorar la realidad de compartir un espacio con “un estado genocida”. Mientras dirigía a la multitud con un megáfono, leyó una invitación de su colega recientemente fallecido, Koyo Kouoh, a participar en una exposición internacional.
Los manifestantes continuaron su marcha a través del Arsenale y se dispersaron de manera pacífica, sin que se registraran arrestos. Sin embargo, el impacto de su acto de protesta fue profundo, resonando entre los trabajadores culturales de Venecia que estaban planeando una huelga de 24 horas, prevista para el 8 de mayo, en solidaridad con los palestinos. Esta huelga podría alterar el calendario de pre-apertura del Biennale, con la posibilidad de que algunos pabellones permanezcan cerrados.
El organizador de la protesta subrayó que este movimiento representaba un rechazo colectivo a la normalización de la genocidio en la cultura y de las precarias condiciones laborales que sustentan el Biennale. Con este sentido de propósito compartido, se aspiraba a transformar el Biennale en un lugar donde la verdad pudiera ser finalmente expresada.
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