VIVENCIAS CIUDADANAS – LA NUEVA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD

Por Teodoro Lavín León

La deten­ción de Rodolfo “N”, alias Don Ramón, iden­ti­fi­cado como líder del grupo cri­mi­nal “Los Linos”, junto con otros inte­gran­tes de esta célula delic­tiva, repre­senta uno de los gol­pes más impor­tan­tes que ha reci­bido la delin­cuen­cia orga­ni­zada en More­los en los últi­mos años. No se trata sola­mente de la cap­tura de un per­so­naje ligado a acti­vi­da­des ilí­ci­tas; se trata de una señal clara de que la nueva estra­te­gia de segu­ri­dad comienza a dar resul­ta­dos en un estado que durante dema­siado tiempo fue rehén de la vio­len­cia, la extor­sión y el miedo.

El ope­ra­tivo rea­li­zado en Yau­te­pec, enca­be­zado por fuer­zas fede­ra­les y esta­ta­les, dejó como saldo la deten­ción de varios inte­gran­tes de esta orga­ni­za­ción, el ase­gu­ra­miento de armas y droga, ade­más de un enfren­ta­miento en el que un pre­sunto delin­cuente per­dió la vida y dos ele­men­tos de segu­ri­dad resul­ta­ron heri­dos. Las auto­ri­da­des han seña­lado que “Los Linos” man­te­nían ope­ra­cio­nes rela­cio­na­das con extor­sión, homi­ci­dios, nar­co­me­nu­deo, robo de vehí­cu­los y trá­fico de dro­gas hacia los Esta­dos Uni­dos.

Durante años, More­los per­mi­tió el cre­ci­miento de gru­pos cri­mi­na­les que encon­tra­ron en la debi­li­dad ins­ti­tu­cio­nal un terreno fér­til para expan­dirse. Muni­ci­pios como Yau­te­pec, Jiu­te­pec, Cuer­na­vaca, Tlal­ti­za­pán y Emi­liano Zapata se han con­ver­tido en esce­na­rios cons­tan­tes de vio­len­cia, cobro de piso y enfren­ta­mien­tos entre célu­las delic­ti­vas. La ciu­da­da­nía ha apren­dió a con­vi­vir con el miedo, mien­tras muchos gobier­nos se limi­ta­ban a emi­tir dis­cur­sos, con­fe­ren­cias y pro­me­sas que nunca lle­ga­ron a con­so­li­darse en accio­nes efec­ti­vas.

Por ello, la cap­tura de Don Ramón no debe verse como un hecho ais­lado ni como una sim­ple nota poli­cíaca. Es parte de una estra­te­gia coor­di­nada entre el gobierno esta­tal y las fuer­zas fede­ra­les que busca recu­pe­rar terri­to­rios domi­na­dos por la delin­cuen­cia. La par­ti­ci­pa­ción de la Secre­ta­ría de Segu­ri­dad y Pro­tec­ción Ciu­da­dana, la Guar­dia Nacio­nal, la Fis­ca­lía Gene­ral de la Repú­blica y el Cen­tro Nacio­nal de Inte­li­gen­cia demues­tra que hoy existe una coor­di­na­ción que antes sim­ple­mente no se veía.

Sin embargo, tam­poco se debe caer en triun­fa­lis­mos. La his­to­ria de More­los ha demos­trado que cuando un grupo cri­mi­nal es gol­peado, otro intenta ocu­par el vacío. La frag­men­ta­ción de orga­ni­za­cio­nes delic­ti­vas ha gene­rado nue­vas célu­las más vio­len­tas, más impre­de­ci­bles y más agre­si­vas. La cap­tura de líde­res es fun­da­men­tal, pero no sufi­ciente. La ver­da­dera bata­lla está en recons­truir el tejido social, for­ta­le­cer las ins­ti­tu­cio­nes y evi­tar que los jóve­nes sigan viendo en el cri­men orga­ni­zado una alter­na­tiva de vida.

Tam­bién hay que reco­no­cer el men­saje polí­tico que este ope­ra­tivo envía. La gober­na­dora Mar­ga­rita Gon­zá­lez Sara­via ha insis­tido en que la coor­di­na­ción con el gobierno fede­ral será el eje cen­tral para devol­ver la tran­qui­li­dad al estado. La lle­gada del nuevo secre­ta­rio de segu­ri­dad y su equuipo al pare­cer empieza a dar resul­ta­dos.

La deten­ción de “Los Linos” for­ta­lece esa narra­tiva y coloca a More­los en una ruta dis­tinta a la de años ante­rio­res, donde muchas veces la per­cep­ción ciu­da­dana era que las auto­ri­da­des reac­cio­na­ban tarde o, sim­ple­mente, eran reba­sa­das.

Hoy la ciu­da­da­nía exige resul­ta­dos con­cre­tos. No basta con esta­dís­ti­cas ni con dis­cur­sos opti­mis­tas. La gente quiere vol­ver a cami­nar tran­quila, abrir sus nego­cios sin temor a las extor­sio­nes y vivir sin escu­char dia­ria­mente noti­cias de eje­cu­cio­nes o “levan­to­nes”. Ése es el ver­da­dero reto de la estra­te­gia de segu­ri­dad.

La cap­tura de Don Ramón y de inte­gran­tes de “Los Linos” es, sin duda, un avance impor­tante. Pero el éxito real depen­derá de que estas accio­nes no sean tem­po­ra­les ni mediá­ti­cas, sino per­ma­nen­tes y sos­te­ni­das. More­los nece­sita una polí­tica de segu­ri­dad firme, inte­li­gente y cons­tante. El estado ya per­dió dema­siado tiempo y dema­sia­das vidas.

Hoy se ha dado un golpe impor­tante a la delin­cuen­cia orga­ni­zada. Ahora falta que ese golpe sea el ini­cio de una ver­da­dera recu­pe­ra­ción de la paz para More­los. Al menos, eso es lo que los ciu­da­da­nos que­re­mos. ¿No cree usted?

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