En un giro dramático que sacudió la política sinaloense, el asesinato de Homar Salas se consumó poco después de que un juzgado de Nueva York revelara serias acusaciones de narcotráfico contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros altos funcionarios, incluido el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez. Salas, quien había ganado recientemente las elecciones para presidir el Sindicato de Trabajadores del ayuntamiento de Culiacán, fue atacado en el garaje de su casa mientras se disponía a salir en su coche. Su escolta, presente debido a los intentos previos de asesinato, también fue asesinado.
Las elecciones en las que participó Salas estaban marcadas por la tensión y la controversia. Candentes controversias se desataron cuando varios candidatos se retiraron de la contienda en los últimos momentos, uno de ellos justificando su decisión por problemas de salud. Salas, consciente de las amenazas en su contra, había manifestado públicamente su necesidad de protección, dejando claro que las presiones en su contra eran significativas.
El sindicato que presidía Salas se presenta como un centro de poder político, atrayendo el interés de diversos actores políticos deseosos de controlarlo. Erika Sánchez, regidora en el ayuntamiento, destacó la importancia estratégica de este sindicato y la sorpresa que causaron las renuncias de otros candidatos. Este tipo de elecciones no solo influencian el rumbo del sindicato, sino que a menudo funcionan como un trampolín hacia la alcaldía, como lo demuestra el caso de Sergio Torres Félix, quien, tras amasar poder en el sindicato, se convirtió en alcalde.
En un cambio escalofriante de eventos, Torres, quien había expresado su apoyo a la competidora de Salas, fue atacado a tiros poco después y ahora se encuentra en estado crítico. Su parentesco con José Manuel Torres Félix, un conocido asociado del Cartel de Sinaloa, añade una capa adicional de complejidad al caso. Las recientes acusaciones del Departamento de Justicia de EE.UU. sugieren que elementos del crimen organizado han influenciado las elecciones en Sinaloa, con afirmaciones de que Los Chapitos, una facción del cartel, apoyaron la campaña de Rocha a cambio de protección y sobornos.
Mientras el escándalo se desarrolla, la regidora Sánchez se muestra cautelosa pero no escatima en señalar que, aunque no había pruebas concretas antes, la llegada de estas acusaciones ha generado un aire de credibilidad en las inquietudes previas. A pesar de que el actual alcalde y el gobernador han suspendido temporalmente sus funciones, las sombras de la narcopolítica continúan pesando sobre un sistema que clama por transparencia y justicia.
La situación actual de Culiacán es un microcosmos de la lucha entre la política y el crimen organizado en México, un fenómeno que ahonda en la opacidad que ha caracterizado la administración pública en la región. Las elecciones en el sindicato no solo son una batalla por un puesto, sino una lucha por el futuro de una ciudad atormentada por la violencia y la corrupción. A través de estos acontecimientos, queda claro que la política sinaloense se encuentra en un punto de inflexión crítico, donde la seguridad de sus actores políticos y el bienestar de la comunidad pesan más que nunca.
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