Las pérdidas agrícolas en México han alcanzado niveles alarmantes en los primeros meses de 2026, reflejándose en un aumento devastador de hectáreas dañadas. Mientras que en febrero de 2025 se registraron solo 253 hectáreas afectadas, este año la cifra se disparó a 9,568.69, lo que implica un incremento absoluto de 9,315.69 hectáreas y un preocupante aumento del 3,682 por ciento. Este fenómeno ha despertado la alarma entre los productores y autoridades, quienes ahora enfrentan serios desafíos en la producción agrícola.
San Luis Potosí encabeza esta lista de pérdidas, reportando 4,523 hectáreas siniestradas. Le siguen Veracruz, con 3,143.5 hectáreas; Quintana Roo, con 700 hectáreas; y Guanajuato, con 441 hectáreas afectadas. En contraste, en el mismo periodo del año anterior, estas entidades no presentaron hectáreas siniestradas, excepto Guanajuato, que apenas registró 166 hectáreas.
Los cultivos más perjudicados en San Luis Potosí incluyen el maíz grano, que tuvo pérdidas de 3,901 hectáreas, seguido por la avena forrajera en verde (390 hectáreas) y otros cultivos menores. En Veracruz, la soya se llevó la peor parte, con 1,800 hectáreas afectadas, mientras que en Quintana Roo, toda la superficie dañada provino de la producción de caña de azúcar. Guanajuato vio impactados cultivos como el espárrago y la uva.
Más allá de estas entidades, otros estados como Nuevo León, Sinaloa y Nayarit también reportaron pérdidas significativas, sumando hectáreas que reflejan una crisis agrícola extensiva. La combinación de sequías, lluvias atípicas y plagas ha llevado a una situación crítica, donde la rentabilidad agrícola se ve amenazada y algunos productores contemplan el abandono de sus tierras.
Particularmente en Veracruz, la situación es angustiante. Productores cañeros han admitido que su zafra podría terminar “en números rojos” debido a la disparada en el costo del transporte y los insumos, mientras que el precio de la tonelada de caña sigue en descenso. La roya, una enfermedad que afecta al café, ha arrasado con más del 40% de las plantaciones, traducido en pérdidas de alrededor de 40,000 hectáreas.
El invierno prolongado y las bajas temperaturas han intensificado los riesgos para cultivos del ciclo Primavera-Verano, lo que podría agravar aún más la crisis en marche. En Quintana Roo, aunque se ha notado una mejora en la calidad de la caña, se teme que una posible sequía comprometa el próximo ciclo agrícola.
Las denuncias de los productores en Guanajuato reflejan la creciente preocupación por el maíz, cuyo precio se sitúa entre 4,500 y 5,000 pesos por tonelada, un número que no puede sostenerse ante el incremento en costos de producción por fertilizantes, semillas y diésel.
La interconexión de problemas climáticos, económicos y sanitarios está planteando serios desafíos para el campo mexicano, donde la creciente incertidumbre podría amenazar la seguridad alimentaria del país.
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