Ariadna Montiel ha asumido el liderazgo de Morena en un momento tumultuoso y cargado de desafíos. Desde su designación como presidenta del partido, una de las primeras tareas ha sido lidiar con el recrudecimiento de la controversia que rodea a varios gobernadores morenistas, particularmente el caso del gobernador Rubén Rocha Moya de Sinaloa, frente a acusaciones de nexos con el crimen organizado. Este contexto ha complicado aún más su posición, ya que la presión política se intensifica no solo desde la oposición, compuesta por el PAN y el PRI, sino también desde el ámbito internacional.
Durante su primera semana al mando, Montiel ha sido objeto de críticas por parte de representantes del PRI, quienes han solicitado a las autoridades estadounidenses que clasifiquen a Morena como una organización terrorista, argumentando que el partido tiene vínculos con grupos del crimen organizado. La solicitud fue realizada formalmente el 6 de mayo por el líder priista Alejandro Moreno, conocido como “Alito”, quien hizo un paralelo con situaciones históricas en otras partes del mundo.
En respuesta, Montiel no ha titubeado en defender la posición de Morena. En su discurso, ha enfatizado la defensa de la soberanía nacional, afirmando que no permitirán injerencias extranjeras en los asuntos internos de México. Calificó al PRI como el partido más despreciado del país y lo acusó de desesperación ante su disminución en la relevancia política.
La lucha ideológica se ha extendido más allá de las fronteras nacionales, incluyendo una fuerte respuesta a la reciente visita de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Montiel considera esta visita como una provocación deliberada de la ultraderecha transnacional, diseñada para desestabilizar los gobiernos progresistas en América Latina.
Internamente, la nueva dirigente parece contar con el respaldo necesario para llevar a cabo su agenda. Desde su asunción, ha logrado mantener la unidad dentro del partido, a diferencia de su predecesora, cuya gestión estuvo marcada por tensiones con los partidos aliados. El apoyo de figuras claves como Citlalli Hernández, quien preside la Comisión de Elecciones, le proporciona una ventaja importante de cara a las elecciones de 2027.
Montiel se ha propuesto una ambiciosa estrategia de acercamiento, planeando visitar 30 millones de hogares en los próximos meses para fortalecer el vínculo entre el partido y la ciudadanía. Su experiencia previa como secretaria del Bienestar le otorga un conocimiento profundo del funcionamiento de los programas sociales, lo cual será vital en sus esfuerzos por consolidar el apoyo popular.
Morena, entonces, está en una encrucijada fundamental. Con el 7 de junio marcado en su calendario para enfrentar las elecciones en Coahuila —la única entidad donde habrá comicios ese año—, la presión sobre Montiel y su equipo no solo proviene de la oposición sino también de la complicada situación interna del partido. La capacidad de la nueva presidenta para navegar estos retos determinará el rumbo de Morena en el futuro inmediato.
A medida que se desarrollan estos acontecimientos, el panorama político en México permanece en constante evolución, y la respuesta de Montiel ante los múltiples frentes que enfrenta ofrecerá un indicativo de su liderazgo y la dirección que tomará el partido en un contexto cada vez más desafiante.
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