El Stedelijk Museum de Ámsterdam se encuentra en el centro de una controversia por su próxima exposición titulada “Beyond the Manosphere: Masculinities Today”. La crítica se centra en la naturaleza clickbait del título, que parece más una táctica de marketing que una representación genuina de los problemas actuales en torno a la masculinidad. Expertos sugieren que este enfoque resulta forzado y ya pasado de moda, evocando reacciones de desdén entre los jóvenes que lo consideran “cringe”.
Rein Wolfs y Gianni Jetzer, directores del Stedelijk y Kunstmuseum St. Gallen —donde la exposición se trasladará a fin de año—, han intentado distanciarse de la carga negativa que acarrea el término “manosphere”. Afirman que la muestra busca abordar el tema de la masculinidad de manera crítica, explorando cómo se construye, representa y desafía en la cultura contemporánea. Sin embargo, muchos críticos interpretan este intento como un reconocimiento implícito de que el título no es más que un gancho que capitaliza sobre un fenómeno cultural problemático.
La exposición no logra ofrecer un análisis riguroso de los constructos de género. En vez de examinar artísticamente el impacto de la “manosphere”, se adentra en territorios conocidos y poco innovadores, tratando aspectos como la violencia y el deseo de una manera que no aportan nada nuevo al diálogo sobre la identidad masculina. En 2026, revisitar los temas de la masculinidad no alcanza para justificar un marco que ya ha sido explorado en numerosas ocasiones en exhibiciones anteriores.
Un análisis más detallado de las piezas exhibidas revela que obras de artistas contemporáneos, como Lucy McKenzie y Sophie Calle, son incapaces de traspasar las convenciones tradicionales que se proponen cuestionar. La inclusión de obras que abordan temas como la violencia y el deseo parece más un ejercicio de categorización discutible que un esfuerzo real por deconstruir la masculinidad. Además, la exposición adolece de una representación adecuada de las culturas queer y transmasc.
En contraste, el Noordbrabants Museum en ‘s-Hertogenbosch presenta una oportunidad más prometedora con su exposición “Am I Masculine? Fashion, Art, and Photography”. Aunque el evento enfrenta sus propios desafíos, logra abordar la masculinidad como una gama de estilos plurales y complejos, empleando medios contemporáneos para ilustrar la evolución de la identidad masculina.
En este contexto, es evidente que el Stedelijk se enfrenta a un dilema: su afán de captar la atención del público mediante títulos provocadores y temas sensibles puede diluir el impacto de un mensaje que necesita ser relevante y reflexivo. La crítica a la masculinidad debe ir acompañada de un compromiso genuino con las narrativas que la rodean. Los espectadores buscan un diálogo sincero sobre la identidad, y no simplemente una reetiquetación de conceptos ya conocidos. En última instancia, el arte puede servir como un vehículo poderoso para explorar temas complejos; sin embargo, este potencial se ve amenazado si la presentación se limita a tácticas de marketing sin sustancia.
Este análisis se enriquece con la señalización de que, a medida que avanzamos, tanto el diálogo sobre la masculinidad como la forma en que se presenta en las galerías debe seguir evolucionando. Las próximas exposiciones tienen la oportunidad de romper con los moldes tradicionales y desafiar a las audiencias de formas verdaderamente innovadoras.
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