Durante el 2025, el panorama hipotecario en México ha experimentado un notable retroceso, con un total de 114,200 financiamientos para la adquisición de vivienda, lo que representa una disminución del 5.2% en comparación con el año anterior. Este descenso, según los datos de BBVA Research, refleja un contexto económico complicado que afecta a los hogares mexicanos.
Fernando Soto-Hay, fundador de Tu Hipoteca Fácil, atribuye esta contracción a varios factores que complejizan el acceso a la vivienda. Entre ellos se destacan el encarecimiento de los bienes raíces, la insuficiencia de oferta en el mercado y la inestabilidad económica general. “El país está estancado económicamente”, afirma Soto-Hay, añadiendo que la baja en el volumen de operaciones de crédito hipotecario es un reflejo de esta realidad prolongada.
Las perspectivas para el mercado hipotecario siguen siendo inciertas, dado el debilitamiento de indicadores macroeconómicos que incluyen el Producto Interno Bruto (PIB), la inversión fija bruta y las tasas de interés. La inflación, que se ha mantenido fuera de control, agrava aún más este panorama. Para quienes tienen la capacidad de comprar, el momento podría ser propicio, ya que la construcción de nuevas viviendas no satisface la demanda y los precios continúan en ascenso.
Un aspecto ambivalente de esta situación es el aumento en el monto promedio de los créditos hipotecarios. En 2025, este monto alcanzó los 2 millones 475,000 pesos, un incremento del 21% respecto a 2020. Para adquirir una vivienda cuyo valor es de 4 millones de pesos, con un enganche del 20%, una familia debería pagar mensualidades cercanas a 36,000 pesos, lo que requiere demostrar ingresos aproximados de 120,000 pesos mensuales para obtener el financiamiento.
La escasez de vivienda nueva suficiente es un factor crucial que contribuye al encarecimiento del mercado. En México, aunque históricamente la plusvalía inmobiliaria ha superado a la inflación, en los últimos seis años los precios han crecido de manera desproporcionada y poco sostenible. En la Ciudad de México, por ejemplo, se estima que se necesitan al menos 50,000 nuevas viviendas cada año para atender la creciente demanda, mientras que actualmente solo se construyen alrededor de 5,000 unidades.
Este estancamiento también afecta a las nuevas generaciones, quienes a menudo se sienten frustradas debido a la dificultad de comprar su propia vivienda. La importancia cultural de la propiedad inmobiliaria en México, como símbolo del patrimonio familiar, intensifica esta presión.
Además, el saldo de la cartera de vivienda de la banca comercial creció un modesto 1.7% en 2025, una caída comparativa respecto al 6.3% registrado en 2024. La situación plantea un futuro incierto para el acceso a la vivienda, que seguirá siendo un reto en el contexto actual.
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