La dinámica del comercio en América del Norte ha sufrido un cambio drástico en los últimos tiempos, particularmente en el contexto del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Durante 2025 y hasta principios de 2026, las empresas exportadoras mexicanas han experimentado una caída alarmante en el uso de este tratado, que anteriormente facilitaba el ingreso de productos al mercado estadounidense sin incurrir en aranceles. Este fenómeno, que ha visto un descenso del uso del T-MEC a tan solo el 10.9% en 2025 y una cifra aún más preocupante del 1.09% en el primer trimestre de 2026, refleja un endurecimiento en las políticas comerciales y arancelarias de Estados Unidos.
Rubén Reséndiz, consejero y expresidente de la Asociación de Industriales de El Salto (AISAC) y del Clúster Automotriz de Jalisco, señala que el uso del T-MEC había permanecido relativamente estable entre 2019 y 2024, con cifras que rondaban el 50% de las exportaciones. Sin embargo, la reciente implementación de aranceles extraordinarios —que pueden alcanzar hasta el 25% en automóviles y autopartes—, así como nuevas restricciones para el acero y aluminio, ha llevado a muchas empresas a reevaluar su dependencia del tratado.
A pesar de las crecientes tarifas, Reséndiz destaca que las exportaciones hacia Estados Unidos aún continúan en aumento, ya que numerosas compañías están explorando estrategias alternativas para mantener su acceso al mercado estadounidense sin depender completamente del T-MEC. “El tratado sigue existiendo formalmente, pero muchas empresas han comenzado a operar alrededor de él”, enfatiza.
En el sector automotriz, el desafío va más allá de los aranceles; la complejidad del cumplimiento de las reglas de origen se ha convertido en un obstáculo significativo. La cantidad de partes que componen un vehículo puede oscilar entre 5,000 y 6,000, y cada proveedor debe proporcionar información detallada sobre el origen de los componentes. Este proceso no solo es laborioso, sino que también ha resultado ser costoso, superando incluso el monto de los aranceles en algunos casos. La necesidad de realizar cálculos precisos para garantizar que se cumple con el 75% de contenido regional requerido para el libre comercio ha llevado a las empresas a aumentar sus inversiones en cumplimiento regulatorio y análisis aduanero.
La situación actual se complica aún más con la próxima revisión del T-MEC y los diálogos entre México y Estados Unidos que comenzarán a partir del 25 de mayo de 2026. El enfoque de estas discusiones no solo se limitará a la posibilidad de nuevos aranceles, sino que cuestionará la funcionalidad del T-MEC como un verdadero instrumento de competitividad regional. Los expertos se preguntan: ¿sigue siendo el T-MEC un mecanismo práctico para competir en la región, o las empresas están optando por soluciones temporales y excepciones burocráticas?
Dicha tendencia, si persiste, podría derivar en una integración de América del Norte menos regulada y más dependiente de medidas discrecionales. Este panorama plantea retos y oportunidades significativas para las empresas en un entorno comercial que sigue evolucionando.
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