A bordo del Air Force One, mientras el cielo plomizo de Pekín se desvanecía tras el avión presidencial, Donald Trump tuvo un momento crucial con los periodistas que le acompañaban en su viaje de regreso a Washington. Entre las numerosas preguntas que surgieron, una se destacó por su incomodidad: “¿Cree usted que Xi Jinping es un dictador?” La respuesta del presidente estadounidense cayó en una evasión sutil: “No pienso en eso. Uno se ocupa de lo que tiene. Lo respeto. Es muy inteligente. Ama a su país. Si es un dictador o no, eso es algo que cada uno debe decidir”.
Tres años antes, su predecesor, Joe Biden, había contestado de manera mucho más franca, afirmando que sí, Xi era un dictador. Esta declaración provocó la indignación de Pekín, que catalogó las palabras de Biden como una “manipulación política irresponsable”.
Xi Jinping, desde su llegada al poder en 2012, ha acumulado más autoridad que ningún otro líder chino desde Mao Zedong. Ha eliminado los límites de mandato, purgado a rivales internos en una colosal campaña anticorrupción y ha introducido su pensamiento político en la Constitución. En 2023, Xi fue reelegido para un tercer mandato, con casi 3,000 delegados de la Asamblea Nacional Popular votando unánimemente a su favor, en unas elecciones sin candidatos alternativos.
En cualquier democracia liberal, este contexto podría poner fin al debate sobre si el líder de un partido único es o no un dictador. Sin embargo, en China, el concepto de democracia ha sido objeto de una reformulación significativa. Pekín no rechaza el término, más bien lo reivindica, argumentando que la democracia debe evaluarse no por elecciones multipartidistas o libertad de prensa, sino por su eficacia en aspectos tangibles: desarrollo económico, reducción de la pobreza y seguridad.
El “modelo de democracia con características chinas” es una narrativa meticulosamente elaborada por el aparato propagandístico del país. La perspectiva que promueve es que las democracias liberales conducen a la polarización y el estancamiento, mientras que el enfoque chino asegura estabilidad y planificación a largo plazo.
Este dilema semántico complica la imagen que el mundo exterior tiene de Xi Jinping. Durante la reciente visita de Trump, surgieron voces en las calles de Pekín que cuestionaban la relevancia de elecciones como las americanas. Un joven universitario expresó su preferencia por un sistema menos conflictivo: “Allí se pasan el tiempo peleándose. Lo mismo que en Europa”, afirmando una percepción que resuena entre muchos ciudadanos chinos.
A nivel diplomático, la cautela de Trump se ha convertido en una norma entre líderes occidentales. Aunque diplomáticos de Europa y EE. UU. describen en privado el sistema político chino como una autocracia centralizada, en público raramente se utiliza la palabra “dictador” en relación con Xi Jinping. China, como socio económico clave, ha cambiado la dinámica de las interacciones diplomáticas, llevando a muchos dirigentes a medir cuidadosamente sus palabras durante visitas a Pekín.
Desde la época de George W. Bush, cuyas críticas abiertas sobre la represión y falta de libertades se convirtieron en parte del protocolo diplomático, hasta el enfoque más reciente de Trump, que se centró en elogios y amistades. El contexto ha cambiado radicalmente, reflejando un enfoque que prioriza acuerdos económicos sobre discursos sobre derechos humanos.
La cumbre reciente entre Trump y Xi, en la que los derechos humanos apenas fueron mencionados, se centró en elogios cada vez más fervientes por parte del presidente estadounidense hacia su homólogo chino, contraste notable con posturas diplomáticas del pasado.
En un mundo donde la percepción de la democracia y la dictadura se redefine continuamente, las interacciones entre potencias continúan siendo curiosamente complejas, cada vez más influenciadas por consideraciones pragmáticas y menos por ideologías. La globalización y las interdependencias económicas moldean un panorama donde las palabras elegidas cobran una relevancia sin precedentes, invitando a la reflexión sobre el futuro de las relaciones internacionales.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

