En el bullicio de la Ciudad de México, una nueva ciclovía se ha erigido como un símbolo de los preparativos para el Mundial de fútbol que se celebrará en junio de 2026. Mientras el gobierno se jacta de las mejoras en la infraestructura, en la acera adyacente, trabajadoras sexuales como Flor enfrentan la dura realidad de un entorno que parece olvidar sus necesidades. “Ni así consigo”, dice Flor, de 55 años, mientras observa cómo la modernidad avanza sin tener en cuenta su lucha por sobrevivir.
La ruta ciclista, inaugurada en abril, es parte de los intensos trabajos que buscan embellecer la ciudad antes del pitazo inicial. Sin embargo, estos cambios han generado un caos visible, no solo en el tránsito de Tlalpan, que conecta el sur con el centro de la capital y albergará el partido inaugural entre México y Sudáfrica, sino también en la vida de miles de trabajadoras sexuales. Reportes de la ONG Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer indican que alrededor de 15,000 trabajadoras ejercen en la capital, parte de un colectivo de 800,000 en todo el país.
Los nuevos arreglos viales han obligado a estas mujeres a adaptarse, tratando de llamar la atención de los conductores desde una distancia cada vez mayor. “El gobierno no quiere a las trabajadoras sexuales”, denuncia Flor, quien siente que la inminente celebración del Mundial solo traerá más dificultades económicas.
En un episodio que encapsula la tensión entre el progreso y las realidades de quienes luchan día a día, Elvira Madrid, líder de la Red Mexicana de Trabajo Sexual, denuncia lo que ella califica como una “limpieza social”. Asegura que las medidas implementadas buscan mostrar un “México de primer mundo”, relegando a las trabajadoras sexuales al olvido. Se llevaron a cabo protestas en la misma Tlalpan, donde la alcaldía celebró la ciclovía con bombo y platillo, ignorando las voces de quienes se sienten amenazadas por el cambio.
La alcaldesa Clara Brugada defiende la obra, reconociendo que la construcción de ciclovías no es fácil y que ha enfrentado resistencias significativas. Sin embargo, sus palabras no logran calmar las inquietudes de mujeres como Monserrat, que con más de 20 años de experiencia en la zona, observa cómo la dinámica de su trabajo ha cambiado dramáticamente. “Si antes atendía a cinco clientes, ahora puedo tener dos o uno”, lamenta.
A pesar de que el gobierno ha mencionado negociaciones con trabajadoras sexuales para generar derechos y mejorar sus condiciones, a la fecha, no se conocen detalles concretos. En 2025, César Cravioto, secretario de Gobierno, habló de establecer normativas para las trabajadoras del sexo, pero los esfuerzos parecen haberse estancado en rumores y promesas vacías.
El neón de la vida nocturna resplandece mientras Flor decide si retirarse pronto o arriesgarse a esperar una oportunidad que le permita pagar su pasaje a casa. Pero ¿por qué deberían huir? Las trabajadoras sexuales se aferran a su espacio, mientras las obras continúan transformando la ciudad. En un momento en que todo cambia rápido a su alrededor, su resiliencia sigue siendo fundamental.
A medida que se acerca el Mundial, el dilema entre el desarrollo y las vidas individuales de quienes dependen de la calle para sobrevivir se vuelve más apremiante. En esta intersección de sueños y realidades, la capital mexicana se prepara para un evento global, pero sus ecos sonoros también llevan la carga de historias no contadas de lucha y resistencia.
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