Las bolsas de valores locales mostraron un significativo retroceso tras la reciente decisión de S&P Global Ratings de modificar la perspectiva crediticia de México, pasando de estable a negativa. Este cambio, anunciado el pasado 12 de mayo, ha generado inquietud en los mercados, aunque muchos expertos consideran que no tendrá un impacto directo en el comportamiento de los índices.
Desde el anuncio, el índice S&P/BMV IPC, que incluye las acciones más negociadas de la Bolsa Mexicana de Valores, reportó una caída del 3.23%, situándose en 67,976.50 puntos. Por su parte, el índice FTSE-BIVA, correspondiente a la Bolsa Institucional de Valores, descendió un 3.09%, alcanzando 1,361.72 unidades. En una nota más reciente, el pasado viernes, ambos índices volvieron a experimentar caídas: el S&P/BMV IPC cedió un 2.69% y el FTSE BIVA un 3.09%. No obstante, en el acumulado del año, los índices aún presentan incrementos del 5.70% y 7.01%, respectivamente.
La calificadora S&P Ratings argumentó que la modificación de la perspectiva se debió al débil crecimiento económico del país y a las restricciones presupuestarias, lo que se traduce en una menor flexibilidad fiscal. Aunque ratificó la calificación de la deuda soberana en “BBB”, destacó que, a pesar de las sólidas relaciones entre Estados Unidos y México, persisten incertidumbres en torno a la renegociación del tratado de libre comercio, lo que ha afectado la confianza de los inversores.
Esta inquietud ha llevado a los participantes del mercado a especular sobre posibles revisiones de calificación por parte de otras agencias, lo que ha incrementado el nerviosismo. Sin embargo, analistas de Banamex han sostenido que, a pesar de la reciente evaluación de S&P, no se prevé un impacto directo sobre el índice local, señalando que otros factores son responsables de los ajustes que se están observando.
Un indicador clave, el Credit Default Swap (CDS), que mide el riesgo país, ha mantenido niveles contenidos, sugiriendo un bajo efecto del cambio en la calificación en la percepción del riesgo por parte de los inversores. Este instrumento refleja las expectativas del mercado respecto a la capacidad del gobierno mexicano de cumplir con sus obligaciones financieras.
Para el resto de 2026, los analistas de Monex Casa de Bolsa prestan especial atención a la evolución del crecimiento económico global, posibles cambios en el entorno comercial impulsados por la agenda política estadounidense y la flexibilidad monetaria de los bancos centrales, como la Reserva Federal (Fed) y el Banco de México (Banxico). También contemplan el impacto del Mundial 2026 en diversos sectores y los retos del panorama geopolítico.
La actual aversión al riesgo ha llevado a una caída en los sectores cíclicos y de materias primas. Laura Torres, directora de Inversiones en IMB Capital Quants, advierte que, si los índices no logran mantener soportes cruciales en 68,000 y 1,350 puntos respectivamente, se podría prever un desplome mayor. La clave para una posible recuperación radicará en la estabilización de los rendimientos de los bonos del Tesoro. Caso contrario, el mercado mexicano podría seguir enfrentándose a la narrativa de tasas de interés altas y tensiones geopolíticas energéticas.
En conclusión, la reciente revisión de la perspectiva crediticia y sus efectos en los mercados reflejan un entorno macroeconómico complejo, donde los inversores deben estar atentos a una serie de variables que podrían influir en la estabilidad financiera de México en el corto y mediano plazo.
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