El panorama económico de México para el año en curso no es alentador. Las proyecciones indican un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) inferior al 1%, con un alto riesgo a la baja, afectadas por la falta de inversión privada y un entorno económico interno que sigue debilitándose. Gabriel Lozano, economista en jefe para México en J.P. Morgan, destacó que sin una inversión sólida, resultará complicado activar mercados domésticos que contribuyan de manera efectiva al crecimiento económico.
La construcción, un sector esencial para el crecimiento, se encuentra en un estado vulnerable, lo que repercute negativamente en el consumo. La incertidumbre en torno al acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá no ayuda a mejorar las expectativas de inversión. Lozano subrayó que el ambiente global tenso, especialmente en Medio Oriente, ha llevado a Estados Unidos a priorizar mantener cadenas de suministro con México y Canadá, reduciendo su dependencia de rutas comerciales que padecen conflictos.
Las expectativas sobre la renovación del acuerdo comercial T-MEC son moderadamente optimistas, aunque se prevé que la consolidación formal del acuerdo podría no ocurrir hasta el próximo año. Este proceso de renegociación podría prolongarse, añadiendo más incertidumbre al panorama económico.
El crecimiento económico de 0.6% registrado el año pasado fue impulsado principalmente por la demanda externa. En el contexto actual, aunque surgen oportunidades vinculadas al auge tecnológico en la manufactura no automotriz, la economía interna sigue mostrando debilidades significativas.
Las decisiones recientes del Banco de México para finalizar el ciclo de recortes en la tasa de interés podrían mejorar los escenarios para el consumo y la inversión privada. Sin embargo, la incertidumbre en torno a las normativas del T-MEC y el marco regulatorio local se posiciona como el principal desafío a superar. Lozano enfatiza que la solidez institucional y un marco legal fuerte son esenciales para sentar las bases de un crecimiento sostenido.
Por otro lado, se prevé que la renovación del T-MEC ofrezca nuevas condiciones, incluyendo aranceles potencialmente reducidos, aunque no serán eliminados por completo. Esto podría permitir a México mantener una competitividad relativa en comparación con otros socios comerciales de Estados Unidos.
A pesar de las perspectivas de bajo crecimiento para 2026, hay esperanzas de que la economía mexicana recupere dinamismo hacia 2027, siempre que se confirme el acuerdo comercial y se logre restaurar la certidumbre para las inversiones privadas. La confirmación del acuerdo podría significar un impulso adicional de al menos medio punto al crecimiento del PIB.
Sin embargo, para realmente beneficiarse del auge tecnológico y la relocalización de cadenas productivas, México deberá invertir en infraestructura, investigación y educación. Las limitaciones en estos aspectos continúan siendo un obstáculo considerable. Lozano mencionó que, aunque empresas grandes están interesadas en establecerse en México, muchas reconsideran su decisión al evaluar la disponibilidad de recursos como gas, agua y vías de comunicación.
Si México no aborda estos cuellos de botella, corre el riesgo de seguir siendo solo un ensamblador en la cadena de valor regional, mientras que Estados Unidos se quedaría con los segmentos de mayor valor agregado, como el desarrollo tecnológico y los centros de datos. La urgencia por transformar el potencial del país en un crecimiento real es evidente.
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