La reciente decisión de Moody’s Ratings de rebajar la calificación crediticia de México de Baa2 a Baa3, seguida de la revisión a negativa de la perspectiva por parte de Standard and Poor’s (S&P) el 12 de mayo, ha generado inquietudes sobre el futuro económico del país. A pesar de que ambas agencias mantienen a México con grado de inversión, una distinción que permite mayores oportunidades de financiamiento para el gobierno, las empresas y los ciudadanos, existe un creciente temor ante la posibilidad de una degradación crediticia.
Las calificadoras han identificado varios riesgos que pesan sobre el panorama económico. Si bien resaltan la solidez macroeconómica y el potencial de los planes gubernamentales, alertan que, en la coyuntura actual, los riesgos son más significativos que las expectativas positivas. Actualmente, las calificaciones crediticias se sitúan en los escalones más bajos del grado de inversión, poniendo a México en una posición delicada, “caminando por la cuerda floja”.
Es importante recordar que México ha disfrutado del estatus de “buen pagador” durante 26 años, pero se encuentra en un punto crítico entre el grado de inversión y el grado especulativo. Esto evoca recuerdos de las crisis económicas de la década de los ochentas, cuando el país enfrentó una moratoria sobre su deuda externa y obtuvo calificaciones en grado especulativo. Fue en el 2000 cuando, tras consolidar una disciplina fiscal, logró recuperar el grado de inversión, una posición que ahora se ve amenazada.
Moody’s ha destacado que ciertos factores políticos, como la priorización de la soberanía energética y un modelo de gasto redistributivo, han debilitado la efectividad de la política fiscal, exacerbando los déficits y deteriorando los indicadores de deuda más rápidamente de lo anticipado. Estas preocupaciones fueron corroboradas por S&P, que también enfatizó el bajo crecimiento económico y la escasez de avances en la consolidación fiscal. Ambas agencias han advertido sobre el crecimiento de la deuda pública, que se está incrementando a un ritmo alarmante y las presiones fiscales que surgen del apoyo continuo a Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
No obstante, aún hay espacio para una perspectiva positiva. Moody’s y S&P sugieren que un aumento en la inversión, un crecimiento económico más robusto, y un progreso efectivo en la consolidación fiscal podrían revertir las tendencias negativas. Para que México mantenga su grado de inversión, se espera que en un plazo de entre uno y dos años se aborden las preocupaciones sobre la deuda y se establezca un crecimiento económico sostenible.
El secretario de Hacienda, Edgar Amador, mantiene un tono optimista, confiando en que el Plan México y otras iniciativas del gobierno impulsarán la inversión privada y el crecimiento económico. Sin embargo, es necesario un seguimiento cuidadoso de estas metas.
A medida que se desarrollan estos acontecimientos, la comunidad financiera y los ciudadanos estarán atentos a los próximos pasos del gobierno para evitar un deslizamiento hacia el grado especulativo, que podría traernos ecos de un pasado que muchos prefieren olvidar.
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