Raimon, un emblemático personaje del Levante, se retira tras 38 años dedicados al club. Su historia comenzó en 1988, cuando ingresa como jardinero. Desde entonces, su trayectoria lo llevó a convertirse en un verdadero ‘multiusos’, adaptándose a las exigencias del tiempo y las transformaciones del fútbol.
En sus inicios, el ambiente era distinto. La atmósfera en el Ciutat de València, donde la lluvia solía traer el clamor de los aficionados que ansiaban refugio, era palpable. La figura de Raimon se hizo crucial cuando, con su manojo de llaves, desbloqueaba el acceso a la tribuna cubierta, convirtiendo la intemperie en un espacio acogedor para los seguidores. Con el tiempo, la terminología ha cambiado; hoy se le denomina ‘greenkeeper’, pero para él, sigue siendo simplemente jardinero, de la vieja escuela, con tijeras en mano para recortar el césped.
Nacido en Meliana, Valencia, en 1961, Raimon relata que su conexión con la jardinería comenzó junto a su padre, quien cultivaba hortalizas. Su pericia le permitió hacerse cargo del campo de su pueblo, marcando el inicio de un viaje que lo llevaría a convertirse en un pilar del Levante, donde ha vivido momentos de gloria y desafío.
Uno de sus recuerdos más destacados involucra una acalorada discusión con el entonces entrenador, Manolo Preciado, en 2003. Tras una crítica sobre el estado del campo, la respuesta de Raimon fue clara: “Que se dedique a entrenar; yo me encargo del campo”. A pesar de esa controversia, entre ellos nació una amistad que culminó con la creación de “El Raconet”, un espacio que Raimon transformó en un hogar y museo, donde reunió recuerdos históricos del club.
Raimon también atesora momentos insólitos. Conserva un trozo del muro que, en un incidente desafortunado, causó la fractura de Martín Palermo en 2011, así como una camiseta de Maradona y el famoso bombín de Joaquín Sabina. Cada uno de estos objetos cuenta una historia, formando un collage de vivencias que trasciende el deporte.
El paso del tiempo trajo desafíos, como los incendios que destruyeron parte de su colección o la complejidad de mantener el césped en condiciones óptimas ante un clima adverso. Recuerda un verano crítico cuando el pozo de riego se secó, lo que lo llevó a orar para que crease mala hierba, asegurando al menos una superficie verde para el juego.
Raimon cierra su etapa en el club con gratitud, diciendo que el Levante le ha dado una vida. A pocos días de su homenaje de despedida, con un saque de honor en el partido contra Osasuna, sueña con la salvación del equipo. Para él, el Levante siempre tendrá un lugar especial en su corazón, y aunque se retire, seguirá siendo parte fundamental del fútbol, esta vez como aficionado.
Pronto comenzará un nuevo capítulo en su vida, disfrutando del fútbol igual que tantos otros hinchas. Su legado en el Levante perdurará, no solo en los recuerdos de quienes compartieron estos años con él, sino también en el césped que cuidó con dedicación y amor.
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