En la penúltima semana de mayo de 2026, México enfrentó un panorama económico delicado. Los datos más recientes revelaron una caída del Producto Interno Bruto (PIB) del país de 0.6% en comparación con el trimestre anterior, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este descenso, aunque algo mejor que la estimación oportuna de -0.8%, representa la mayor contracción para un trimestre desde finales de 2024, a la vez que marca el debut más complicado para un año desde 2020, cuando la economía se vio afectada por la pandemia de Covid-19.
El hecho de que la caída del PIB eclipsara casi por completo la recuperación de 0.7% observada en el último trimestre de 2025 es un indicador claro del estancamiento en la actividad económica mexicana. Sin embargo, en un giro más alentador, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) mostró que, durante marzo, la economía creció un 0.4% mensual, logrando un crecimiento anual de 0.5% que contrasta con la contracción del mes anterior.
El Inegi también presentó el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), que sugiere que México podría haber iniciado el segundo trimestre de 2026 con un crecimiento mensual del 0.3%, destacando como el mejor desempeño en un año marcado por una incertidumbre comercial constante. En paralelo, la inflación en México se desaceleró a 4.11% en la primera quincena de mayo, después de registrar una leve disminución de 0.16% en comparación con la quincena anterior. Sin embargo, este dato sigue por encima del rango objetivo establecido por las autoridades económicas, lo que refleja las presiones inflacionarias persistentes en el mercado.
Mientras tanto, la situación económica en Estados Unidos también captó la atención en esta semana. La Reserva Federal publicó sus minutas de la última reunión nominal, donde el actual presidente, Jerome Powell, hizo su última aparición antes de la llegada de Kevin Warsh. Estas minutas revelaron que un aumento en la inflación, exacerbado por la guerra en Irán, ha creado preocupaciones crecientes entre los miembros de la Fed sobre la necesidad de ajustar las tasas de interés para frenar una inflación que permanece muy por encima del objetivo del 2%.
Adicionalmente, el PMI manufacturero, un indicador crucial de la salud del sector, alcanzó en mayo su nivel más alto en cuatro años, subiendo a 55.3 puntos, lo cual indica un crecimiento significativo en la actividad manufacturera, a pesar de las tensiones geopolíticas que han afectado el abastecimiento de productos clave y los precios de la energía.
Por último, la confianza de los consumidores estadounidenses cayó a mínimos históricos, con el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad de Míchigan bajando a 44.8. Este descenso refleja la creciente inquietud por el aumento de precios, particularmente los relacionados con el combustible, que han erosionado el poder adquisitivo de los hogares.
Así, a medida que México y Estados Unidos navegan por un entorno económico complicado, la interconexión entre ambos países se hace cada vez más evidente, con decisiones políticas y económicas que repercuten en sus respectivos mercados y sociedades. La situación actual exige monitorear de cerca los próximos indicadores económicos, que podrían definir el rumbo de la economía en la segunda mitad de 2026.
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