En México, las Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII) han registrado un alarmante incremento desde el año 2000. Este fenómeno se ha atribuido a diversos factores, entre los cuales destacan los cambios en los hábitos alimenticios, el estrés y la creciente industrialización de las ciudades. Lo más preocupante es que estas enfermedades afectan principalmente a personas en plena edad productiva, lo que impacta negativamente en su calidad de vida y provoca un aumento en el ausentismo laboral.
Durante el mes de mayo, dedicado a crear conciencia sobre estas afecciones, especialistas han expresado su preocupación por el crecimiento de trastornos como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa crónica inespecífica (CUCI). Estas son enfermedades inmunomediadas que afectan el sistema digestivo y, a pesar de su relevancia, siguen siendo relativamente desconocidas para la población mexicana.
La prevalencia de estas enfermedades se ha multiplicado casi por cuatro en las últimas dos décadas. Según datos de la doctora Ylse Gutiérrez Grobe, integrante de importantes asociaciones de gastroenterología, la incidencia ha pasado de 0.3 casos por cada 100,000 habitantes a cerca de 2.8. Aunque este número sigue siendo inferior al de enfermedades crónicas como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares, el crecimiento es notable y preocupante, especialmente en áreas donde el estrés y la industrialización son predominantes.
Entre los factores de riesgo más comunes que contribuyen a este incremento se encuentran las dietas ricas en alimentos ultraprocesados, un bajo consumo de fibra, el tabaquismo y el estrés crónico. Las EII se caracterizan por síntomas debilitantes, incluyendo diarreas crónicas, dolor abdominal, pérdida de peso, anemia y mala absorción de nutrientes. En casos severos, los pacientes llegan a tener entre 15 y 20 evacuaciones al día, lo que puede limitar seriamente su desempeño en el trabajo y en el ámbito escolar.
La situación es tal que muchos pacientes requieren estar constantemente cerca de un baño, y algunos incluso dependen de pañales o ropa de cambio, lo que agrava el ausentismo laboral y escolar. El impacto económico es significativo, especialmente porque el principal pico de aparición de estas enfermedades ocurre entre los 20 y 40 años, coincidiendo con una etapa de alta productividad laboral.
A pesar del aumento en la tasa de incidencia, también se han visto avances en la capacidad de diagnóstico, gracias al acceso a estudios como la calprotectina fecal y la colonoscopía, lo que permite detectar estas enfermedades de manera más temprana. Además, en los últimos años, han surgido terapias avanzadas y tratamientos específicos que pueden mejorar sustancialmente la evolución de la enfermedad si se administran a tiempo.
Sin embargo, aún persisten limitaciones en el acceso a diagnósticos y tratamientos en diversas regiones del país. No todos los pacientes cuentan con los recursos necesarios para acceder a estas tecnologías diagnósticas, lo que subraya la necesidad de mejorar la infraestructura de salud.
Como sociedad, es crucial generar conciencia sobre la EII y sus consecuencias, así como promover una alimentación más saludable y un manejo efectivo del estrés. El conocimiento y la educación sobre estas enfermedades no solo benefician a los pacientes actuales, sino que también contribuyen a prevenir futuros casos en un contexto donde la industrialización y los hábitos de vida modernos continúan evolucionando.
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