El pasado viernes, México y la Unión Europea (UE) sellaron un acuerdo de libre comercio que ha sido un tema recurrente durante años. Este pacto busca reducir la dependencia de ambas partes con respecto a Estados Unidos y actúa como un escudo frente a los aranceles impuestos por el expresidente Donald Trump. La firma de este acuerdo se produce en un contexto global donde las relaciones comerciales se reconfiguran, enfatizando la necesidad de alianzas estratégicas.
Este nuevo acuerdo no es un simple repaso del tratado comercial de 2000, que se limitaba a bienes industriales. Ahora, se amplía para incluir servicios, compras públicas, comercio digital, inversión y productos agrícolas. António Costa, presidente del Consejo Europeo, subrayó la importancia del acuerdo durante la ceremonia de firma en Ciudad de México, afirmando que “hace que estemos mejor preparados para enfrentar juntos los desafíos de nuestro tiempo”.
El comercio entre México y la UE superó los 100,000 millones de dólares el año pasado, lo que representa un crecimiento notable del 75% en la última década. Este intercambio está dominado por maquinaria, equipos de transporte, productos químicos y materias primas. La Secretaría de Economía de México estima que la modernización del acuerdo podría incrementar las exportaciones mexicanas al bloque en un 50%, alcanzando los 36,100 millones de dólares en 2030. Este acuerdo podría beneficiar a unas 45,000 empresas europeas, en su mayoría pequeñas y medianas.
Sin embargo, este acuerdo no llegó sin obstáculos. Las negociaciones se habían estancado principalmente por las reformas al sector energético mexicano, que priorizaban a la empresa eléctrica estatal, limitando así los beneficios para las empresas europeas del sector energético. Se ofrecieron revisiones que dejaron en el camino cuotas reducidas para las exportaciones mexicanas de carne de res y aves de corral, al tiempo que se facilitaron las condiciones para la exportación de vehículos eléctricos y baterías a México.
El consenso sobre este acuerdo se ha vuelto más esencial en un entorno global complejo. A medida que la UE busca diversificar sus relaciones comerciales y reducir su dependencia de China, México también intenta expandir su presencia en los mercados europeos mientras disminuye su relación comercial con Estados Unidos, que actualmente absorbe más del 80% de sus exportaciones.
La firma de este acuerdo surge en un momento en que la UE también ha tenido como prioridad la firma de tratados de libre comercio con otros países y bloques, como Mercosur, Indonesia, India y Australia. Todo ello refleja un enfoque proactivo para reestructurar su posición comercial global en respuesta a los cambios geopolíticos.
Mientras tanto, en México, el cuidado de no irritar a Estados Unidos se ha vuelto una parte crucial del discurso diplomático, especialmente ante las revisiones del T-MEC, el tratado comercial de América del Norte. Se espera que el acuerdo firmado entre México y la UE pase pronto por el Parlamento Europeo, que ya ha dado su visto bueno a la firma.
Este acuerdo no solo representa un avance significativo en las relaciones comerciales, sino que abre nuevas oportunidades para ambos bloques, en un mundo donde los cambios son la única constante.
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