Cada mes, millones de familias mexicanas experimentan un momento de esperanza y alivio al revisar el saldo de sus cuentas y ver que las remesas han llegado. Este patrón se repite en estados como Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Veracruz, y es el resultado del arduo trabajo de migrantes que, desde lugares como Carolina del Norte y Los Ángeles, envían recursos a sus seres queridos en México. Las remesas no se limitan a ser estadísticas económicas, sino que representan promesas cumplidas y el esfuerzo cotidiano de quienes buscan mejorar la calidad de vida de aquellos que se quedaron atrás.
Recientemente, la administración de Donald Trump adoptó medidas que restringen el acceso de migrantes indocumentados a servicios financieros, además de implementar un nuevo impuesto del 1% sobre las remesas, que entró en vigor el 1 de enero de este año. Esta situación ha generado una renovada preocupación en torno al flujo de remesas, un tema que vuelve a los titulares con un tono alarmante. Sin embargo, es necesario abordar esta problemática con claridad y serenidad.
En el primer trimestre de 2026, México recibió 14,457 millones de dólares en remesas, un incremento del 1.4% en comparación con el mismo periodo del año anterior, según datos de BBVA Research y el Banco de México. A pesar de las amenazas, el flujo de remesas mantiene su estabilidad, gracias a la resiliencia constante de la comunidad migrante.
Respecto al nuevo impuesto del 1%, datos del Banco de México revelan que el 99.1% de las transferencias de remesas se realizan de manera electrónica. Este impuesto no afecta a las remesas enviadas a través de medios digitales, como tarjetas de débito o billeteras digitales. Esto significa que la mayoría de los migrantes ya están utilizando los canales correctos para enviar dinero a sus familias, lo que atenúa la carga fiscal sobre ellos.
No obstante, el verdadero reto radica en que la nueva normativa podría forzar a algunos migrantes a obtener pasaporte u otros documentos para acceder a servicios financieros, lo que representaría un costo adicional y mayor dificultad. Este aspecto es particularmente preocupante, ya que impacta a los miembros más vulnerables de una comunidad que ya enfrentan numerosos desafíos.
Desde la Unión de Instituciones Financieras Mexicanas (UNIFIMEX) se sostiene que la formalización financiera es una herramienta esencial ante políticas restrictivas. Un migrante que cuenta con una cuenta bancaria y un historial crediticio sólido es considerablemente menos vulnerable a medidas adversas. La bancarización no es un lujo, sino una forma de protección.
Adicionalmente, es importante fomentar un diálogo constructivo entre México y Estados Unidos. Las economías de ambos países están interconectadas, y el impuesto nuevo contradice recomendaciones internacionales que buscan reducir los costos de envío de remesas, tal como se indica en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Los argumentos técnicos respaldan esta posición, y es crucial abordarlos en foros adecuados, con datos concretos y propuestas informadas.
Las remesas son un vínculo fundamental entre naciones, desprovistas de ideologías políticas y simplemente conectando familias. Mientras persista ese instante de alivio al ver el saldo reflejado, es esencial defender este mecanismo con inteligencia y unidad. El sistema financiero mexicano tiene un papel vital en esta narrativa, y está preparado para asumirlo.
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