La presidenta Claudia Sheinbaum ha manifestado continuamente su interés por impulsar la ciencia en México, sorprendiendo a muchos al no extender esa visión hacia el fomento del emprendimiento. Recientemente, presentó el programa “Cátedras de la Diáspora Mexicana”, un esfuerzo enfocado en traer de regreso a mexicanos destacados en el extranjero para impartir clases sobre sus conocimientos adquiridos en el marco internacional. Este programa incluye un apoyo de 45,000 pesos para facilitar el viaje de los participantes.
Sin embargo, la convocatoria solo se dirige a investigadores y no a emprendedores, lo que plantea una inquietud en el ámbito del desarrollo económico. La iniciativa busca conectar a académicos que han vivido en el extranjero con México, invitando a aquellos que han obtenido grados académicos y que, a pesar de las distancias, pueden contribuir a la educación del país. La intención es loable, pero excluye a una figura fundamental: el emprendedor.
Un claro ejemplo es Ricardo Amper, fundador de Incode, una empresa que ha revolucionado la forma en que los bancos en México y Estados Unidos reconocen la identidad de los usuarios mediante tecnología de reconocimiento facial. Con más de 500 empleos generados y ventas multidecilonarias anuales, Amper tuvo que trasladarse a California debido a la falta de comprensión y apoyo de los inversionistas en su país natal. Esta situación refleja la desconexión entre el ámbito político y el sector emprendedor.
Andrey Zarur también se vio obligado a salir de México para fundar GreenLight Biosciences en Boston, donde desarrolla productos biológicos para reemplazar químicos en la agricultura. Ambas historias ilustran cómo el talento mexicano busca oportunidades en el extranjero por la falta de respaldo en su tierra natal.
El enfoque en investigadores es noble, pero es crucial reconocer también a aquellos que, independientemente de su nivel educativo, están creando valor tangible en la economía. Los emprendedores son quienes realizan el trabajo arduo de transformar insumos en productos y servicios que benefician a la sociedad. La generación de riqueza y la creación de empleos son elementos vitales que deben integrarse en la política pública.
Es evidente que la intersección entre ciencia y emprendimiento es esencial para el crecimiento económico del país. Atraer a aquellos que han demostrado su capacidad de innovar y generar valor puede proporcionar beneficios significativos. Aunque las cátedras académicas son una adición valiosa, sería igualmente beneficioso incorporar a esos empresarios que, con o sin título, han hecho de su experiencia un motor de desarrollo.
A medida que el país avanza, es fundamental que las políticas públicas comiencen a abarcar todos los sectores que contribuyen al bienestar social y económico, y que reconozcan el papel esencial de los emprendedores en la construcción de un futuro próspero. Con esfuerzos integrales y un enfoque más inclusivo, México podría acelerar su camino hacia la innovación y el crecimiento sostenible.
(La información presentada corresponde a datos disponibles hasta el 26 de mayo de 2026.)
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