Ayer, 26 de mayo de 2026, se inició formalmente la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). En una coincidencia significativa, el Vaticano también publicó la encíclica “Magnifica Humanitas” (La grandeza de la condición humana) del Papa León XIV, firmada en conmemoración del 135º aniversario de la encíclica “Rerum Novarum”, emitida en 1891 por León XIII. Este último defendía a los trabajadores industriales de las garras del capitalismo, mientras que León XIV aborda, en la actualidad, el poder concentrado de la inteligencia artificial y las corporaciones digitales.
El tratado que México empezó a revisar recientemente incluye disposiciones que legalmente respaldan lo que la encíclica condena. En particular, el Capítulo 19 del T-MEC establece varios puntos que limitan la capacidad del Estado mexicano en el ámbito digital. Primero, se exige que los flujos transfronterizos de datos estén garantizados, lo que impide que el país obligue a las plataformas a procesar o almacenar datos de usuarios dentro de sus fronteras. Segundo, los algoritmos gozan de una protección que dificulta su auditoría por parte de las autoridades mexicanas, complicando la verificación de cómo empresas como Facebook y Google determinan la información que muestran a sus usuarios.
Además, cualquier intento de favorecer a empresas nacionales en el sector de servicios digitales podría interpretarse como una violación del tratado, exponiendo a México a posibles sanciones comerciales por discriminar en favor de sus propias empresas. Por último, los mecanismos de arbitraje en caso de disputas están diseñados para favorecer a los inversionistas extranjeros en detrimento del Estado mexicano.
Así, gigantes como Google, Meta, Amazon y Microsoft operan en México bajo un marco regulatorio que, establecido en 2020, tiene prioridad sobre cualquier legislación nacional posterior. En contraste, León XIV establece principios que chocan con la lógica del T-MEC. Para el Papa, los datos son un bien común y no deben ser objeto de apropiación privada. Los algoritmos deben ser audibles y transparentes para la sociedad afectada por sus decisiones, y la concentración del poder digital en manos de unos pocos es vista como un colonialismo que los Estados deben combatir.
El contexto de la negociación del T-MEC en 2020 era razonable: México carecía de un marco regulatorio digital y necesitaba estabilizar la inversión extranjera en un momento de gran incertidumbre. Sin embargo, seis años después, la situación ha cambiado. La encíclica de León XIV proporciona una base de legitimidad moral que, hasta hoy, ningún negociador mexicano ha incorporado a la mesa de discusión.
La revisión del T-MEC se ha iniciado y la encíclica se ha publicado. Así, surge una pregunta crucial: ¿Estará México dispuesto a considerar los principios de dignidad humana y el bien común en las negociaciones, donde hasta ahora ha predominado un discurso centrado en la seguridad jurídica? La respuesta a esta interrogante podría definir el camino hacia un futuro más equitativo en la economía digital.
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