En el panorama actual de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, la situación defensiva de la isla caribeña evoca un debate sobre su viabilidad militar en comparación con el poderío estadounidense. Un intelectual cubano, ante la consulta sobre las capacidades defensivas de Cuba frente a su vecino del norte, responde con ironía: “¿No has visto la fotografía del misil subido en un carro de bueyes?”. Este comentario resalta la percepción de antiquedad en la infraestructura militar de Cuba, que contrasta con la modernización y el despliegue de EE.UU.
Un claro ejemplo de esta disparidad se evidenció en una operación reciente, donde comandos de élite estadounidenses eliminaron rápidamente a los 32 escoltas cubanos encargados de la seguridad de Nicolás Maduro. Dicho evento expone la fragilidad de la reputación militar de Cuba en un contexto donde EE.UU. ha demostrado tener un arsenal superior y tácticas más avanzadas. Historiadores como Armando Chaguaceda explican que la dinámica militar actual de Cuba ha cambiado drásticamente desde los años 80, cuando contaba con un millón de combatientes y una formidable fuerza aérea y naval.
Hoy en día, Cuba enfrenta una realidad desoladora. Su ejército es obsoleto, con apenas uno o dos MIG 21 en condiciones de volar y una escasez crítica de recursos, incluyendo combustible. Las fuerzas armadas cubanas han perdido gran parte de su capacidad operativa, lo que plantea serias dudas sobre la moral de las tropas y la aptitud para sostener operaciones de combate. Según el experto militar Serbin Pont, la falta de condiciones adecuadas para los soldados exacerba esta situación.
La competitividad militar se inclina aún más hacia EE.UU., que mantiene posiciones estratégicas cercanas a la isla. Situada a tan solo 90 millas de Florida, la base naval de Guantánamo y el despliegue del portaaviones Nimitz en el Caribe representan ventajas operativas significativas para el ejército estadounidense. Con un número considerable de aeronaves especializadas en acciones ofensivas, la diferencia de potencial militar es notable.
Recientemente, se filtró información sobre una supuesta compra de drones de ataque rusos e iraníes por parte de La Habana. Estos drones, diseñados para destruir objetivos, amplían la preocupación en Estados Unidos, recordando la tensión de la Crisis de los Misiles de hace varias décadas.
La situación militar actual de Cuba plantea interrogantes sobre su capacidad para hacer frente a un adversario con significado superior en términos de tecnología y entrenamiento. En este contexto entretejido de historia y actualidad, la estabilidad de la región parece estar más en juego que nunca.
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