El 11 de junio de 2026, el Estadio Azteca será el escenario del partido inaugural del Mundial de Fútbol, donde México se enfrentará a Sudáfrica. Este evento convocará a millones de aficionados y turistas, convirtiendo a nuestro país en el epicentro del deporte mundial. Sin embargo, esta celebración viene acompañada de preocupaciones sanitarias, especialmente ante la amenaza del ébola, que ha cobrado vidas en África y que, según advierte el secretario de Salud, David Kershenobich, requiere vigilancia epidemiológica activa.
Junto al ébola, otro virus acecha: el mpox, anteriormente conocido como viruela símica. En 2025, México reportó 781 casos confirmados de esta enfermedad y cinco de las nueve muertes en América, lo que sitúa a nuestro país en una alarmante posición. Para 2026, ya se han registrado 34 casos y una muerte —ocurrida en Playa del Carmen—, y la mayoría de los afectados son hombres jóvenes. Ante la inminencia del Mundial, la preocupación radica en que la aglomeración de personas pueda propiciar un aumento en los contagios.
Las vacunas contra el mpox están disponibles, pero su implementación aún está en proceso. Aunque en abril se confirmaron las entregas de biológicos al país, las autoridades han mencionado que llevará “algunos meses” su distribución a los grupos de alto riesgo. Esta dilación es preocupante, ya que el Mundial está a la vuelta de la esquina y las vacunas requieren condiciones de almacenamiento específicas.
La situación es aún más crítica dado que las muertes han sido predominantemente en hombres jóvenes, un grupo que necesita tener acceso rápido a la vacunación. Activistas y organizaciones de la sociedad civil han exigido claridad sobre el plan de vacunación, advirtiendo que la falta de información contribuye a un entorno de riesgo. La alerta por el ébola es válida, pero el mpox, que ya se encuentra en nuestras comunidades, presenta un riesgo inmediato que no se puede ignorar.
Con el Mundial atrayendo a millones de visitantes de todo el globo, se destaca la necesidad de establecer protocolos de salud públicos claros y efectivos. La inacción ante la extensión del mpox podría tener consecuencias drásticas, especialmente si consideramos que eventos de grandes dimensiones en el pasado han sido catalizadores de brotes sanitarios.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ya ha señalado que la vigilancia epidemiológica y una respuesta rápida son cruciales. En Europa y Estados Unidos, donde las vacunas están disponibles, los casos mortales son excepcionalmente raros, gracias a los protocolos de tratamiento y prevención. Sin embargo, la realidad en México es diferente, y se requiere una respuesta rápida y eficaz.
Este Mundial representa una oportunidad única para demostrar la capacidad de respuesta sanitaria del país. No podemos permitir que las vacunas permanezcan en los almacenes mientras el virus sigue circulando. La urgencia es clara: las herramientas para contener el mpox están disponibles, y es imperativo actuar ahora antes de que el costo de la inacción se convierta en una realidad devastadora.
De cara al Mundial de 2026, con millones de aficionados de todo el mundo, debemos estar preparados no solo para celebrar, sino también para proteger la salud de nuestra población. Las medidas de vigilancia y el acceso a las vacunas serán claves para asegurar que esta fiesta deportiva no se convierta en un riesgo sanitario. La salud pública no debe pasar a segundo plano, y es responsabilidad de todos exigir acción inmediata.
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