Uno de cada dos trabajadores en México se encuentra en una situación alarmante: 47 de cada 100 perciben hasta un salario mínimo. Esta inquietante cifra, revelada el pasado 26 de mayo de 2026 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), pinta un panorama desolador del mercado laboral del país, un retrato que va más allá de cualquier discurso oficial.
La reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la herramienta principal que proporciona datos sobre la dinámica laboral en México, empezó a arrojar cifras del primer trimestre de 2026, destacando una tendencia preocupante que se ha mantenido en los últimos cinco reportes. La Población Económicamente Activa (PEA), conformada por quienes trabajan o buscan empleo activamente, alcanzó los 61.1 millones, un incremento de 552,000 personas en comparación con el año anterior. Sin embargo, debajo de estos números se oculta un problema mayor: la tasa de participación económica ha caído de un 60.0% en el primer trimestre de 2024 a un alarmante 58.7% en 2026. Esto significa que 43 millones de personas ya no buscan trabajo, o no tienen la oportunidad de hacerlo, lo que representa un aumento de 1.2 millones de personas en la Población No Económicamente Activa (PNEA).
La tasa de desocupación, que se sitúa en un 2.6%, puede parecer baja, pero es engañosa. Cuando las personas abandonan la búsqueda de empleo debido a la falta de oportunidades, dejan de contabilizarse en la PEA, haciendo que esta cifra pierda su valor real. Un indicador más revelador es la Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación (TCCO), que mide a aquellos que trabajan en circunstancias precarias. Este indicador alcanzó un 38.8% en el primer trimestre de 2026, lo que significa que 23.1 millones de trabajadores enfrentan condiciones laborales críticas, un deterioro de 6.3 puntos porcentuales en solo tres trimestres.
La informalidad laboral también se ha mantenido en niveles alarmantes, con más del 54% de los trabajadores operando en el sector informal desde el segundo trimestre de 2025. En 2026, este porcentaje ha llegado al 54.8%, lo que equivale a más de 32.6 millones de personas. Las consecuencias son más gravosas para las mujeres, ya que el 55.3% de las trabajadoras se encuentran en esta situación, en comparación con el 54.4% de los hombres. Este contexto no representa una excepción dentro del mercado laboral mexicano; en realidad, es su norma.
Los micronegocios, que emplean de uno a cinco trabajadores en comercio y servicios, absorben el 48.7% del empleo no agropecuario. Este sector ha crecido en 713,000 empleos en un año, mientras que los establecimientos medianos y grandes han estado perdiendo personal durante varios trimestres. La manufactura, en particular, ha reportado pérdidas de empleo durante cuatro trimestres, logrando apenas recuperar 90,000 plazas en el primer trimestre de 2026. Esto ha llevado a que 13.5 millones de trabajadores por cuenta propia, muchos de ellos expulsados del empleo formal, se vean obligados a entrar en la informalidad.
A medida que México inicia 2026, su mercado laboral no está en colapso, pero tampoco puede considerarse saludable. La generación de ocupación muestra una resiliencia notable; sin embargo, la calidad del empleo dista de ser satisfactoria. Existe una diferencia fundamental entre tener empleo y tener empleo de calidad, y la actual situación laboral del país refleja un predominio de la primera, mientras que la segunda escasea.
En el futuro cercano, se presentarán estrategias propuestas por diversos expertos que el gobierno y el sector privado podrían adoptar para generar más empleos de calidad, en un intento por remediar estas preocupaciones apremiantes. La importancia de abordar esta crisis laboral no puede subestimarse; su impacto en la vida de millones de mexicanos está en juego.
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