Cuando se habla de competitividad, a menudo se asocia con grandes proyectos de infraestructura y multimillonarias inversiones en tecnología. Sin embargo, la realidad nos muestra que este concepto también se nutre de aspectos más cotidianos y fundamentales en la vida de los ciudadanos. La calidad de los servicios públicos, como el acceso al agua, la seguridad en las calles y la confianza en las instituciones, son elementos esenciales que impactan directamente en el desarrollo económico del país.
Los últimos datos de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) del INEGI revelan una insatisfacción persistente entre la población hacia los servicios públicos, con niveles de confianza en las instituciones muy por debajo de lo deseable. En un entorno donde la percepción de la corrupción se mantiene alta, el debilitamiento de la confianza institucional se convierte en un obstáculo para la actividad económica. Las empresas, al evaluar nuevas inversiones, no solo consideran la infraestructura o la disponibilidad de talento; también analizan si un lugar es habitable, si los servicios son fiables y si las reglas operan con previsibilidad.
La calidad de los servicios públicos es, en muchos sentidos, un reflejo de la capacidad del Estado. Cuando estos servicios operan de manera óptima, crean un ambiente propicio para que los ciudadanos participen en el mercado laboral y para que las empresas lleven a cabo sus proyectos sin contratiempos. En cambio, la falta de eficiencia genera incertidumbre, desperdicio de tiempo y gastos adicionales que las familias y los negocios deben absorber. Por ejemplo, muchas empresas se ven obligadas a contratar servicios privados de seguridad ante la inacción de las autoridades, aumentando así sus costos operativos.
Desglosando cifras específicas, menos de la mitad de la población mexicana está satisfecha con la provisión de servicios públicos en sus localidades. La satisfacción con el suministro de agua se sitúa en un 51%, mientras que en entidades como Oaxaca y Guerrero, esta cifra se desploma a 33% y 20%, respectivamente. En el caso de las calles, solo el 24% de los ciudadanos se muestra satisfecho, y en cuanto a la policía, la aprobación promedio es del 28%.
Estas deficiencias no solo perjudican la calidad de vida, sino que también disuaden nuevas inversiones y afectan el crecimiento económico. La confianza institucional, aunque intangible, es un factor determinante; sociedades que confían en sus instituciones suelen colaborar mejor, cumplir con las reglas y resolver conflictos de manera efectiva. Cuando existe desconfianza, las inversiones enfrentan más incertidumbres y los proyectos a largo plazo se vuelven más vulnerables.
Entre 2023 y 2025, la desconfianza ha crecido en todas las instituciones evaluadas. Aunque las universidades públicas y las escuelas de educación básica generan la mayor confianza (76% y 75% respectivamente), instituciones como las fiscalías estatales y los partidos políticos solo alcanzan niveles de confianza del 34%, 30% y 24%, respectivamente. Este déficit de confianza actúa como un impuesto para las empresas, que deben enfrentar mayores riesgos y tiempos que entorpecen la formalidad y reducen la certidumbre jurídica.
Para que México sea competitivo, es esencial que las instituciones funcionen efectivamente. En un contexto donde los estados compiten por atraer empresas, talento y oportunidades, las disparidades en capacidad institucional se vuelven cruciales. Esto implica construir gobiernos que no solo ofrezcan servicios públicos de calidad, sino que también respondan a las necesidades ciudadanas y generen un ambiente de certidumbre.
Recoger la basura, mejorar la iluminación, mantener calles en condiciones adecuadas, garantizar un transporte público eficiente y asegurar la seguridad son objetivos de política pública que van mucho más allá de la gestión política; son factores clave para el crecimiento económico. Al final, la verdadera competitividad radica en la capacidad de ofrecer un entorno donde los ciudadanos y las empresas puedan prosperar de forma sostenible.
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