En 1896, Alfred Jarry revolucionó el teatro con su creación de Ubú, un personaje grotesco que desafiaba las convenciones de la época. Pronunciando su icónico “merdre”, desató un tumulto en el Théâtre de l’Œuvre de París, donde la audiencia se dividió entre defensores y opositores, marcando el inicio de una crítica mordaz al poder autoritario. Más de un siglo después, la relevancia de Ubú se mantiene, ya que su figura se convierte en un espejo de tiranos contemporáneos que utilizan el exceso como bandera.
La dramaturga María Folguera ha adaptado esta obra clásica, dirigiendo la producción en Nave 10 de Matadero Madrid, donde se exhibirá hasta el 21 de junio de 2026. En una conversación sobre su trabajo, Folguera subrayó que la sátira actual enfrenta un desafío único: la normalización de las obscenidades en el discurso político. La irrupción de personajes como Donald Trump, que no ocultan su propia corrupción, plantea la cuestión: ¿cómo ridiculizar a quienes carecen de vergüenza?
La nueva versión de Ubú presenta un retrato más complicado de la política moderna, donde las luchas internas de los partidos son protagonistas. La sátira se convierte en un reconocimiento de la realidad más que en una revelación, explorando temas contemporáneos como la atención mediática, las redes sociales y la manipulación política.
La dirección de Hugo Nieto incorpora un elenco donde actores como Antonio Pagudo y Marta Guerras exploran el teatro gestual y cómico, sumergiendo al público en un universo donde la burla es constante. En esta versión, aún se mantienen referencias escatológicas, pero también se observa una crítica a la cultura del espectáculo político actual.
El politólogo Guillermo Fernández-Vázquez explicó que los líderes políticos actuales no temen parecer bufones; al contrario, utilizan la ridiculez para conectar con sus seguidores. Se les percibe como figuras que exponen sin tapujos sus pensamientos, lo que desafía la función clásica de la sátira.
El impacto de esta obra no solo radica en su contenido, sino también en la forma en que desafía a la audiencia. La representación de Ubú puede generar complicidad, planteando preguntas sobre la responsabilidad de los ciudadanos que apoyan a estos gobernantes. El cuestionamiento “¿Sentís vergüenza?” resuena en un contexto donde la sátira actual no busca avergonzar a los tiranos, sino a aquellos que los eligen.
La adaptación de Folguera, junto con el enfoque contemporáneo que le imprime Nieto, ofrece una oportunidad para reflexionar sobre los vicios del presente. En un mundo en el que la sátira parece perder su capacidad de sorpresa, quizás este Ubú moderno nos recuerda que la verdadera transgresión y el desafío radical residen en nuestra mirada crítica hacia quienes nos gobiernan.
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