Tres petroleros vinculados al transporte de crudo ruso fueron atacados con drones el pasado jueves en el mar Negro, según fuentes especializadas. Estas embarcaciones operan bajo banderas de conveniencia, lo que les permite ocultar su verdadera propiedad, y forman parte de una red conocida como la “flota fantasma”, una estrategia que Moscú utiliza para evadir las sanciones internacionales.
Los buques involucrados en este incidente son el James II, registrado en Palau con destino declarado a Rumanía, y los petroleros Altura y Velora, ambos bajo bandera de Sierra Leona. Durante el ataque, los dos últimos estaban realizando una operación de trasvase de crudo. Los sistemas de rastreo los ubicaban a apenas 13 millas náuticas de la costa turca, fuera de sus aguas territoriales, y a unas 30 millas de la frontera búlgara. El asalto al James II tuvo lugar al norte de Sinop, a más de 200 millas al este del Bósforo.
Las autoridades turcas respondieron rápidamente enviando embarcaciones de la guardia costera al lugar. Afortunadamente, las primeras informaciones indican que todos los marineros involucrados en el ataque se encuentran ilesos. Sin embargo, al cierre de esta información, Ankara no había emitido ningún comunicado oficial.
No es la primera vez que el Altura se ve envuelto en este tipo de incidentes. En marzo, el buque fue atacado mientras se dirigía a Novorosíisk, el principal puerto ruso de exportación de petróleo en el mar Negro; el impacto dañó su sala de máquinas, pero no se reportaron heridos. Tanto el Altura como el Velora son gestionados por la empresa turca Pergamos Denizcilik, situada en Estambul, mientras que el James II pertenece a una compañía india.
Ucrania ha reivindicado en el pasado ataques similares contra esta flota fantasma, aunque hasta el momento no ha emitido declaraciones públicas sobre los acontecimientos recientes. Desde el inicio del conflicto, Ucrania ha desarrollado una estrategia sostenida de ataques con drones navales dirigidos a objetivos rusos en el mar, incluyendo la flota de guerra en Sebastopol y buques que contribuyen al financiamiento del Kremlin.
La “flota fantasma” representa un desafío significativo en el marco de la guerra económica que acompaña al conflicto armado. Desde 2022, Moscú ha construido una red de cientos de barcos con registros opacos, que apagan sus sistemas de identificación y realizan trasvases en alta mar para ocultar el origen del crudo. De hecho, en agosto de 2025, el Centro de Investigación de Energía y Aire Limpio de Helsinki reportó que aproximadamente 125 de los 400 barcos que exportaban petróleo ruso eran considerados petroleros fantasma. En respuesta, la Unión Europea ha implementado múltiples paquetes de sanciones; en abril de 2026, se aprobó el vigésimo, que incluyó 46 nuevos buques, elevando a 632 el total de embarcaciones sancionadas.
Las exportaciones de petróleo son cruciales para la economía rusa, financian gran parte de su maquinaria militar, lo que convierte su interrupción en un objetivo estratégico para Ucrania. Reportes indican que los ataques contra activos petroleros rusos se han vuelto casi diarios, afectando refinerías, terminales y buques en diversas localizaciones, tanto dentro del país como en el mar Negro.
La posición de Turquía es particularmente delicada. Mientras mantiene lazos de cooperación con Ucrania y ha mediado en acuerdos para la exportación de grano, su economía está estrechamente vinculada a Rusia, lo que genera desafíos en sus aguas, susceptibles a incidentes. El Gobierno turco ha expresado repetidamente su preocupación a ambas naciones por los ataques que ocurren en su zona económica exclusiva, subrayando los riesgos para la vida humana y el medio ambiente. La viceministra de Exteriores ha señalado que el país observa una escalada seria y ha llevado a cabo gestiones diplomáticas ante Moscú y Kiev debido a estos episodios.
Este ataque añade un nuevo capítulo a una guerra marítima que parece no dar señales de remitir. Las sanciones occidentales generan presión desde el exterior, mientras que los drones ucranianos golpean desde el mar, haciendo del transporte de crudo ruso una operación cada vez más costosa y peligrosa.
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