Las negociaciones entre Irán y Estados Unidos están marcadas por un impasse significativo: el desbloqueo de fondos iraníes congelados en el extranjero. Teherán exige la liberación de 12,000 millones de dólares como parte de cualquier acuerdo nuclear, mientras Washington condiciona cualquier avance a la resolución de las cuestiones relacionadas con el enriquecimiento de uranio. Esta situación se ha convertido en el principal punto de fricción entre ambos países.
Irán reclama la mitad de los aproximadamente 24,000 millones de dólares que tiene inmovilizados en entidades bancarias fuera de su territorio, según informes de la agencia Tasnim, vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Recientemente, se reportaron avances en las conversaciones dirigidas a liberar parte de esos fondos, aunque los detalles continúan sin confirmarse. Catar, donde están depositados algunos de estos recursos, está mediando en las charlas entre funcionarios iraníes y qataríes.
Un alto funcionario de la administración estadounidense, que prefirió permanecer en el anonimato, comentó que el desbloqueo de los fondos podría entrar en la discusión de un futuro acuerdo, pero solo después de que Irán acepte limitar su uranio altamente enriquecido. Esta exigencia se enfrenta a la historia de presión económica máxima que Washington ha ejercido sobre Teherán durante años.
El contexto de esta negociación es delicado. Alex Zerden, exfuncionario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, advierte que permitir que Irán acceda a su dinero “no se alinea con los objetivos declarados” de la administración Trump. Sin embargo, ha señalado que lo que antes era inadmisible ha comenzado a considerarse en el escenario actual de las negociaciones.
Miad Maleki, investigador sénior de la Foundation for Defense of Democracies, sugiere que podría haber un camino alternativo: Descongelar los fondos de manera que no implique transferirlos directamente al gobierno iraní, lo que permitiría a Washington hacer una concesión sin levantar formalmente las sanciones.
Este tipo de escenarios no son nuevos. En 2023, se logró transferir fondos iraníes bloqueados en Corea del Sur e Irak a Catar y Omán, en el marco de negociaciones por la liberación de rehenes. En esa ocasión, los fondos se usaron para importaciones humanitarias, lo que evitó que el dinero entrara en las arcas del gobierno iraní.
La postura del expresidente Trump respecto al acuerdo nuclear de 2015 es conocida. Ha expresado su desacuerdo con el pacto, que incluyó alivios de sanciones a cambio de que Irán limitara su programa nuclear. En 2016, durante la implementación de este acuerdo, Estados Unidos transfirió 1,700 millones de dólares a Teherán para resolver una disputa financiera histórica; una acción que desató polemicas por su naturaleza.
Trump también ha oscilado en su enfoque económico hacia Irán. Inicialmente, autorizó la venta de petróleo iraní ya presente en altamar para aliviar la presión sobre los precios globales, pero luego empezó a bloquear puertos y buques iraníes a nivel mundial.
Este panorama de negociaciones y decisiones estratégicas se desarrolla en un contexto geopolítico complejo, donde cada movimiento puede tener consecuencias significativas en las relaciones internacionales. A medida que se avanza en estas conversaciones, la comunidad internacional espera ansiosa un desenlace que podría redefinir el futuro del entendimiento nuclear en la región.
(Actualización hasta 2026-05-27 18:32:00).
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


