En el contexto político actual de México, que se prepara para ser coanfitrión de la Copa Mundial de la FIFA en 2026, se perciben cambios significativos en comparación con la realidad del país hace 40 años, cuando se celebró el Mundial en 1986. Aquel entonces, el régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) dominaba casi todas las instituciones, incluyendo los poderes Legislativo y Judicial. Hoy, sin embargo, se observa un retorno a la concentración del poder, similar al de aquella época, acentuado desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder en 2018.
La década de los ochenta marcó el inicio de un proceso de desconcentración política que se tradujo en la alternancia de partidos en los gobiernos estatales y municipales, lo que finalmente se reflejó en la presidencia de la república a partir del año 2000. Durante este período, surgieron organismos autónomos que funcionaron como contrapesos al gobierno, aunque la situación actual refleja un retroceso en ese sentido.
En 1986, bajo la presidencia de Miguel de la Madrid, el PRI mantenía un dominio absoluto: el partido ganó el 74.7% de los escaños en la Cámara de Diputados y tuvo un control casi total sobre el Senado. Esa contienda presidencial se realizó tras la reforma política de 1977, que buscaba dar canales institucionales para la oposición, aunque el PRI aún prevaleció.
Miguel de la Madrid llegó al poder con un discurso de “renovación moral”, prometiendo combatir la corrupción que aquejaba al país. A pesar de sus esfuerzos iniciales, incluidos arrestos de figuras corruptas, su administración no pudo proporcionar la transparencia esperada. De hecho, el proceso de alternancia electoral comenzó a tomar forma en los años siguientes, destacando victorias del Partido Acción Nacional (PAN) en varias alcaldías y en la gubernatura de Baja California en 1989.
El enfrentamiento entre los tecnócratas, representados por figuras como Carlos Salinas de Gortari, y los políticos tradicionales caracterizó el gabinete de la época. Los tecnócratas promovían la modernización y la apertura de mercados, mientras que los políticos tradicionales defendían un enfoque más nacionalista y social.
Entre 1982 y 2018, la alternancia política se consolidó, aunque la llegada del gobierno de López Obrador y su partido, Morena, ha marcado un periodo de reconcentración del poder. Actualmente, se observa un panorama donde Morena gobierna en 23 de las 32 entidades federativas y tiene una mayoría abrumadora en el Congreso de la Unión, lo que limita la capacidad de la oposición para hacer frente a las políticas del gobierno.
Además, se ha criticado la erosión de organismos autónomos que antes regulaban la actividad política y social, y que han enfrentado un debilitamiento significativo en los últimos años. Desde la eliminación del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE) en 2019 hasta las reformas judiciales de 2024 que ponen en cuestión la independencia de los jueces, el entorno se ha tornado cada vez más polarizado.
La relación entre México y Estados Unidos se ha visto complicada por acusaciones sobre vínculos del gobierno mexicano con el narcotráfico, lo que añade una capa adicional de tensión política.
Con la Copa del Mundo a la vista, el escenario político mexicano sigue, en muchos sentidos, alineándose con un modelo autoritario que ya había caracterizado a la nación en décadas pasadas. A medida que la pelota rueda hacia México, la preocupación por la concentración del poder y la falta de contrapesos políticos resplandece en el futuro inmediato del país.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


