En el universo contemporáneo del arte, la colectiva mexicana RojoNegro se prepara para ocupar un espacio destacado en la 61ª Bienal de Venecia, que tendrá lugar en 2026. Integrada por los artistas María Sosa y Noé Martínez, esta agrupación ha dedicado más de una década a explorar la conexión entre los saberes prehispánicos y los retos del mundo actual. Su propuesta, bajo el nombre “Actos invisibles para sostener el universo”, busca rendir homenaje a la generosidad en tiempos difíciles, inspirada especialmente en las comunidades rarámuris del norte de México.
El trabajo de RojoNegro tiene como eje central el reconocimiento de los actos cotidianos y invisibles que sustentan nuestra existencia. Reflexionan sobre las prácticas de cuidado y colaboración que nos unen y sostienen en un mundo donde los derechos humanos parecen cada vez más amenazados. Como ellos expresan: “Queremos que nuestros actos importen y que nuestra relación con la naturaleza cuente”. A través de su obra, abogan por una revalorización de nuestra historia y presente.
La pieza estelar de su instalación será un altar de convocación, elaborado con barro y sal de mar, donde se exhibirán trece vasijas de estilo prehispánico. Esta elección numérica no es aleatoria, pues hace referencia a los trece meses del calendario ritual lunar. La sal, un elemento fundamental en la cultura indígena, simboliza la unión entre el plano humano y el de los muertos, sosteniendo un diálogo profundo con la naturaleza y el pasado.
Asimismo, el pabellón de RojoNegro será concebido como una ofrenda a los ancestros y una conversación continua con las entidades espirituales presentes en nuestro entorno. A través de esta tributo, los artistas buscan restablecer un equilibrio con la tierra, promoviendo la idea de reciprocidad, donde nada se toma sin considerar su valor.
Al ingresar al pabellón, los visitantes se encontrarán con cuatro pinturas monumentales realizadas en tabaco y carbón, una obra colateral a la instalación principal que rinde homenaje a la comunidad de Cherán, conocida por su defensa del bosque y su autogobierno. Estas obras no solo aportan un componente visual impactante, sino que también invitan a la reflexión sobre la conexión entre el arte y la ecología.
Una parte significativa de la presentación incluirá video-performances que los artistas han desarrollado en colaboración con especialistas. Estas performances, basadas en movimientos que rememoran figuras de arte prehispánico, enriquecen la narrativa de la exposición. Los artistas se ven a sí mismos como un recurso vivo que revive y examina estos diálogos perdidos, buscando generar una conexión emocional tanto con el arte como con el espectador.
El sonido también jugará un rol crucial en la propuesta, con grabaciones de rituales tradicionales que ambientarán la instalación, contribuyendo tal vez a una experiencia holística del arte. Acompañados de un rapero totonaca, han tejido un tejido auditivo que dialoga con las raíces ancestrales de la cultura mexicana.
Finalmente, RojoNegro se enfrenta a un reto significativo: hablar de arte decolonial en un contexto global como la Bienal de Venecia. Se esfuerzan por resaltar que su camino ha sido pavimentado por las acciones invisibles de quienes les precedieron, abriendo una conversación sobre la trayectoria del arte y su evolución hasta hoy.
Con su esfuerzo, esta colectiva nos invita a recordar y recuperar los conocimientos ancestrales que, aunque a veces invisibles, han sido fundamentales para el desarrollo del pensamiento y la cultura. Así, su obra no solo busca establecer un puente hacia el pasado, sino también sembrar las semillas de un futuro más equilibrado y consciente.
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