En un evento que reflejó la intersección de política y espectáculo, la Presidenta y sus correligionarios conmemoraron el segundo aniversario de su victoria electoral en lo que se describió como un festejo nacional. A este acto, que fue retransmitido en plazas alrededor del país, asistieron miles de acarreados y algunos Ministros de la Corte, quienes exhibieron un alineamiento marcado con el Ejecutivo. Este evento, claramente un lanzamiento de la campaña oficialista rumbo a 2027, sobrepasó los límites de lo que debería ser un acto de celebración pública, convirtiéndose en una manifestación del poder y control del gobierno.
A pesar de haber obtenido una victoria electoral con un porcentaje superior al de su predecesor, persisten serias dudas sobre la legitimidad de esta. Las acusaciones de vínculos entre el oficialismo y el crimen organizado no son infundadas; se señala que estas conexiones facilitaron la financiación de campañas, la obstrucción del trabajo de representantes opositores y el uso del miedo para inducir el voto en algunas comunidades.
El optimismo que acompañó su llegada al poder, con promesas de erradicar la violencia y mejorar los servicios públicos, se ha visto desdibujado por un mandato que, en vez de ello, se ha transformado en el “segundo piso de la transformación”, el cual ha estado marcado por prácticas nocivas y omisiones que han exacerbado la crisis social en el país.
Una de las piedras angulares del poder oficial radica en una interpretación constitucional que ha derivado en una sobrerrepresentación legislativa indebida, particularmente en la Cámara de Diputados. Además, en el Senado se ha facilitado la formación de una mayoría calificada que, según analistas, busca eliminar todo atisbo de pluralismo, ignorando que un 40% de la ciudadanía se identifica con opciones políticas distintas al oficialismo.
En un monólogo que tenía como objetivo reivindicar logros gubernamentales, la Presidenta optó por desviar la atención hacia la oposición, a la que tildó de antipatriota, mientras escondía su relación con figuras políticas involucradas en el narcotráfico. En su rendición de cuentas, eludió abordar aspectos críticos de su gestión, que incluye la alarmante escala de la deuda pública, que ha crecido de 10.5 billones de pesos en 2018 a 20.1 billones en el primer trimestre de 2026.
Asimismo, el crecimiento económico es hoy más bajo que en décadas, con un retroceso del 0.6% en el primer trimestre de este año, mientras que se estima que el crecimiento anual apenas alcanzará entre 1.1% y 1.3%. La economía informal, que abarca casi el 55% de la fuerza laboral, es un reflejo del fracaso en ofrecer oportunidades y crear una estructura de seguridad social efectiva.
Las calificaciones crediticias, que alguna vez se consideraron estables, ahora coquetean con el límite inferior del grado de inversión. La polarización política ha aumentado, manifestándose en constantes ataques a la oposición y comunicadores críticos, lo que ha llevado a una creciente sensación de inseguridad entre segmentos de la población.
El impacto del narcoterrorismo también es innegable; se estima que anualmente decenas de miles de personas se desplazan debido a la violencia, mientras que unas 75,000 han desaparecido desde 2018. Aunque encuestas actuales muestran un nivel de aprobación que oscila entre el 68% y el 72%, la negativa de la Presidenta a participar en la inauguración del Mundial de Fútbol 2026 sugiere un temor al rechazo público. En contraste, sus predecesores enfrentaron eventos similares con valentía, señalando que la caída de su popularidad está íntimamente relacionada con los deficientes resultados en áreas clave como salud, educación y seguridad.
A la vista de estos acontecimientos, el gobierno parece perdido en su capacidad para forjar un futuro mejor, sin dar señales claras de un cambio constructivo. Las sociedades europeas han demostrado que prosperan al equilibrar estabilidad, innovación y libertad. Es imperativo que se supere la ceguera política actual y se comience a gobernar para todos, pensando en los intereses colectivos y no en la perpetuación del poder.
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