La producción de acero bruto en México enfrenta un panorama complicado. En 2025, la producción descendió un 6% respecto al año anterior, y las proyecciones para 2026 son apenas optimistas, anticipando un leve crecimiento del 0.6%. Esta situación ha sido analizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que destaca las múltiples presiones que impactan en el sector.
El acero crudo, fundamental en la construcción de infraestructuras y la industria automotriz, ha visto su producción en el país afectada por una notable disminución de la demanda interna. Además, los aranceles impuestos por Estados Unidos sobre el acero han limitado el acceso de México a uno de sus mercados de exportación más importantes. En un intento por ajustar esta balanza, el Congreso mexicano aprobó en diciembre de 2025 enmiendas a la Ley General de Impuestos a la Importación y Exportación, incrementando dichos aranceles para importaciones de acero provenientes de naciones sin acuerdos comerciales con México. Esta medida forma parte de una estrategia más amplia del Plan México para abordar las prácticas comerciales desleales y fomentar la producción nacional.
A pesar de estos esfuerzos, la OCDE mantiene una visión cautelosa, sugiriendo que la recuperación en la producción será marginal hasta 2026, con un crecimiento previsto que no se espera que se fortalezca significativamente antes de 2030. La situación se vuelve más compleja a nivel mundial, donde la capacidad de producción de acero sigue ampliándose a pesar de las sombrías previsiones sobre la demanda. Se estima que el exceso de capacidad alcanzará los 745 millones de toneladas para 2028, un número alarmante, especialmente en comparación con los niveles de producción actuales de los países miembros de la OCDE.
China continúa siendo un actor crucial en esta dinámica. Aunque su capacidad de producción no ha crecido significativamente en los últimos años, su débil demanda interna ha llevado a un aumento en las exportaciones, enviando un récord de 131 millones de toneladas de acero en 2025, lo que representa el 14% de su producción anual y un incremento del 153% en comparación con 2020. Este movimiento ha puesto en evidencia una política expansiva en el sector, con hasta 38.6 millones de toneladas de nueva capacidad planificada para 2028, superando incluso la capacidad actual de Italia, el segundo mayor productor de acero en la Unión Europea.
A nivel global, las proyecciones son alarmantes. Las adiciones planificadas de capacidad hasta 2028 suponen un aumento del 5.7% respecto a 2025, mientras que se anticipa que el crecimiento en la demanda mundial será lento, alrededor del 0.9% anual hasta 2030. Esta situación se ve aún más complicada por factores externos, como el conflicto en Oriente Medio, el incremento de los precios de la energía y las interrupciones en las cadenas de suministro, que solo añaden más obstáculos al panorama ya desafiante de la industria del acero.
Con la brecha entre la producción de acero y la capacidad ampliándose, las tasas de utilización están destinadas a permanecer bajas, disminuyendo potencialmente del 76% en 2025 a niveles por debajo del 74% para 2028. Esta tendencia intensificará la presión financiera sobre la industria y podría desembocar en una inundación de acero en los mercados globales por parte de países con exceso de capacidad.
En resumen, el futuro del acero en México y en el mundo se presenta incierto, marcado por cambios en la política comercial, fluctuaciones en la demanda y un aumento preocupante de la capacidad de producción que podría desestabilizar aún más el mercado.
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