Javier Aguirre ha logrado su primera victoria al mando de la Selección Mexicana justo antes del inicio del Mundial 2026, evidenciando una notable armonía interna entre los jugadores. Durante el último entrenamiento abierto en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de la Federación Mexicana de Fútbol, se respiraba un ambiente de camaradería, con abrazos, risas y un intercambio de apodos que reflejaba la cohesión del equipo.
Con la fecha del debut contra Sudáfrica el 11 de junio a la vuelta de la esquina, 26 futbolistas —todos seleccionados por Aguirre— se unieron al cuerpo técnico, donde destaca Rafael Márquez, exjugador y capitán del FC Barcelona. Su presencia fue fundamental, ya que inició la práctica jugando “torito” con los seleccionados, mostrando su clásica inteligencia táctica, antes de asumir el rol de líder en los ejercicios que siguieron, donde coordinó varias actividades con un entusiasmo contagioso.
El ambiente durante el entrenamiento era de celebración. Jugadores como Jesús Gallardo y Julián Quiñones aportaron humor al ejercicio, mientras Aguirre mantenía un balance entre seriedad y camaradería, animando a sus jugadores con palabras de aliento y camaradas momentos ligeros, como lanzar su gorra a César Montes al finalizar un discurso motivacional.
Aguirre había mencionado anteriormente que Márquez se comporta como un “verdadero entrenador” y así lo demostró al dirigir al grupo en varias dinámicas, mientras el entrenador principal supervisaba desde la distancia. Este modelo de liderazgo podría ser clave para el futuro, ya que se espera que Márquez asuma oficialmente el rol de entrenador en los próximos años.
La cohesión del equipo fue palpable, incluso en momentos de tensión como una entrada fuerte entre Edson Álvarez y Álvaro Fidalgo, donde el espíritu deportivo prevaleció cuando ambos jugadores se dieron la mano tras el incidente. La integración también se notó con los elementos más nuevos del equipo, como Brian Gutiérrez, quien a pesar de ser el más reciente convocado, se mostró como un miembro activo de esta “gran familia”, como han expresado varios jugadores.
Desde que Aguirre asumió el mando, la selección ha cosechado éxitos, incluidos títulos de la Copa Oro y la Liga de Naciones de Concacaf en 2025. La llegada al Mundial representa un nuevo desafío no solo para demostrar esa armonía en el campo, sino también para responder a las altas expectativas de los aficionados.
La posibilidad de llevar a México a un nuevo nivel en la competencia internacional está comenzando a materializarse. Por lo tanto, el apoyo y la unión demostrada en esta última etapa de preparación serán cruciales para enfrentar el verdadero desafío que está a semanas de distancia, donde el foco estará en convertir la armonía en triunfos dentro del terreno de juego.
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