La Copa Mundial de la FIFA 2026 se perfila como un evento monumental, no solo para los aficionados al fútbol sino también para el sistema financiero global. La competencia, que se celebrará en tres países —Estados Unidos, México y Canadá—, actuará como un escenario de prueba para bancos, fintechs y redes de pago, que deberán gestionar millones de transacciones transfronterizas de manera eficiente y en tiempo real.
El informe “El gol invisible” de Finnosummit destaca que este torneo llega en un momento crucial: la infraestructura de pagos del mundo está en medio de una transformación significativa. La adopción de nuevos estándares de mensajería financiera, el avance en los pagos en tiempo real, y la creciente utilización de monedas estables están alterando el panorama tradicional. Cada visitante que acuda a este evento portará consigo una forma de pago —ya sea una tarjeta de crédito, una billetera digital o una aplicación—, adaptada a las normativas de su país.
Los costos asociados al uso de tarjetas internacionales son un aspecto a considerar. Un turista brasileño, por ejemplo, que gaste 2,000 dólares en el torneo podría enfrentar comisiones que oscilan entre 80 y 130 dólares debido a los costos de red y los diferenciales cambiarios. Frente a esta realidad, los pagos entre cuentas, conocidos como “A2A”, se perfilan como una alternativa más económica. Este sistema permite que los pagos se realicen directamente entre cuentas bancarias mediante plataformas de pago instantáneo, evitando las costosas redes tradicionales. Un transacción de 100 dólares podría costar apenas 0.25 dólares con A2A, en contraposición a los 2.15 dólares que se cargarían con una tarjeta de crédito.
No obstante, la efectividad de este modelo de pagos depende de la interoperabilidad de los sistemas. Según el informe, un aventurero europeo que utilice fintechs como Revolut o N26 podría hacer pagos en dólares con facilidad, mientras que un usuario latinoamericano podría encontrarse con más obstáculos. En México, aunque la Ley Fintech ha establecido un marco legal, la implementación de las finanzas abiertas es desigual entre las distintas instituciones.
Un aficionado europeo, por ende, podrá realizar transacciones con un mínimo de fricción y una liquidación casi inmediata. Por el contrario, su homólogo latinoamericano, dependiendo de su banco, puede enfrentar diversas complicaciones.
Con el foco en la Copa Mundial, se abre un debate crucial sobre cómo la tecnología y la regulación pueden adaptarse para facilitar la experiencia de millones de turistas, resaltando la necesidad de mejorar la conectividad entre sistemas financieros distintos. En este contexto, el éxito de este evento dependerá no solo del espectáculo deportivo, sino también de una infraestructura de pagos que funcione sin contratiempos.
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