La reciente revisión a la baja del pronóstico de crecimiento para la economía mexicana por parte de la calificadora Fitch resuena como un eco de los desafíos que enfrenta el país en 2026. La agencia ha ajustado su estimación, reduciendo el crecimiento esperado a un modesto 1%, frente al 1.7% que había proyectado en marzo de este año. Este cambio se fundamenta en la contracción del 0.6% observada en el primer trimestre, una señal de debilidad que ha afectado las expectativas para el resto del año.
Fitch también revisó su expectativa para la economía estadounidense, disminuyendo el crecimiento proyectado a 1.9%, una cifra inferior al 2.2% previsto anteriormente. Este ajuste se atribuye principalmente a un “impacto más severo” de los precios del petróleo, un factor que indudablemente tiene repercusiones en las economías de los países vecinos, incluyendo México. La incertidumbre en torno al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) genera una presión adicional, ya que se anticipa que las negociaciones no lograrán concluir satisfactoriamente en el corto plazo.
Incluso con estas revisiones pesimistas, los economistas de Fitch sugieren un respiro: la retirada de restricciones fiscales y monetarias y el impulso que representa la Copa Mundial podrían contribuir a una recuperación en la segunda mitad del año. Sin embargo, es importante notar que la inflación también está en el centro de atención. En abril, la variación anual de la inflación alcanzó un 4.4%, un aumento respecto al 3.7% registrado en diciembre. Este repunte se ve influenciado por el aumento en los precios de los alimentos y un nuevo impuesto al consumo.
El Banco de México, al reaccionar ante estas dinámicas, ha adoptado una política monetaria más flexible, preservando su credibilidad, a pesar de las inquietudes sobre su capacidad para controlar la inflación. Las expectativas de inflación se sitúan en torno al 3.75%, superando el objetivo del 3%. Este delicado equilibrio es crucial, ya que la confianza en la política monetaria es esencial para atraer inversiones en un contexto de incertidumbre.
El Plan de Infraestructura del gobierno emerge como un rayo de esperanza para la inversión en el país. A pesar de las preocupaciones institucionales, la cercanía geográfica a Estados Unidos puede hacer de México un lugar atractivo para la relocalización de cadenas de suministro. Sin embargo, estas oportunidades podrían verse comprometidas por la inestabilidad política y económica.
Fitch también contempla escenarios desalentadores respecto al T-MEC, como la posibilidad de una ruptura o la salida de Estados Unidos. En tales casos, las expectativas de crecimiento para México se desplomarían. La situación global también se refleja en un pronóstico de crecimiento de solo 2.4% para la economía mundial, afectada en parte por la crisis del petróleo desencadenada por el conflicto en Medio Oriente.
A medida que el año avanza, las proyecciones siguen siendo inciertas, pero comprender los factores que las moldean es fundamental para anticipar el futuro económico de México y su relación con sus socios comerciales.
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